Journey, un videojuego

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Recuerdo cuando jugué Journey por primera vez.

Lo compré en una oferta de Playstation 3, sin muchas expectativas. Lo descargué, llegó la noche, me puse los auriculares, subí el volumen y esperé a que me sorprenda. En seguida, descubrí que Journey era un videojuego único.

No sabemos qué, ni quienes somos, tampoco qué es lo que hacemos allí. Pero algo nos dice que debemos avanzar sin mirar hacia atrás, llegar a la cima de una montaña que se presenta ante nosotros durante toda la aventura, durante todo el viaje. Moviendo levemente la palanca del control vamos deslizándonos a través de la arena, subimos, bajamos, volamos, con una delicadeza que jamás se borrará de la memoria. Somos libres, y cuando no, buscamos serlo.

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Varios años después, y con un recuerdo impregnado en mi memoria, instalé el juego en Playstation 4, con muchas ganas de repetir un viaje inolvidable.

Comienza el trayecto. Al cabo de treinta minutos veo un personaje idéntico al mío que se acerca. Se detiene a una distancia prudente, comienza a hacer algunos movimientos, intentando comunicarse mediante señas. Yo intento responderle, de alguna forma, con notas musicales emitidas por mi personaje, es la única alternativa ofrecida por el juego para expresarse. Parece comprender.

A partir de ese momento nuestra comunicación se llevó a cabo mediante notas musicales, cada vez más profundas, todo dependía del tiempo que pulsábamos el correspondiente botón. Además, esta suerte de voz sirve para abrir puertas, resolver puzzles y regenerar la vida del otro.

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En ese momento me encontraba intentando resolver un puzzle, muy necesario para avanzar a la siguiente escena. El jugador que en un principio solo me seguía, me dio una mano para adelantar el proceso. Un puente se abrió de inmediato sobre nuestras cabezas, señal de que lo hemos resuelto. Pegamos algunos saltos, emitimos algunos sonidos, era nuestro improvisado festejo.

Cuando cruzamos el puente juntos sentí que estaba jugando una nueva versión de Journey. La soledad fue desechada para presentarme un acompañamiento cubierto bajo el anonimato pero con una profundidad cada vez mayor, llegando a sentir que estaba jugando con conocido, un cercano, un amigo. Yo no conocía para nada quien era el que controlaba a mi compañero, pero de alguna manera, le estaba tomando cariño.

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Avanzamos, seguimos resolviendo puzzles y festejábamos como si hubiéramos superado el objetivo más difícil de nuestras vidas. Algunas escenas quedarán en el recuerdo absoluto, como por ejemplo, aquella en donde bajamos rápidamente a través de un túnel, mientras la cámara enfocaba directamente el sol, cortado a cada segundo por una columna, mientras tiñe de dorado la arena que dejamos atrás. Al final del túnel salimos disparados cuesta abajo. No veía a mi compañero, emito un sonido: me responde, estaba detrás de mí.

Continuando el frenético trayecto, sin darnos cuenta caemos en un agujero el cual nos lleva a un lugar desconocido. El escenario era distinto, el sol desapareció y fue reemplazado por una tenue luz de luna, mientras que la presencia de enormes bestias colmaron el lugar. Nuestra mejor arma para superar el nivel era el sigilo. Avanzamos lentamente entre escombros para que no nos vean los enemigos.

Con mucha tensión y una sincronización increíble, logramos sortear a los enemigos, superar los puzzles y nuestra recompensa fue una salida directa hacia la superficie. Nevaba, sinónimo de que la montaña, nuestra meta, estaba cada vez más cerca. El frío nos congelaba completamente, perdíamos la vida de inmediato, el paso era cada vez más lento y el viento nos manipulaba como hojas de otoño. Una bestia aparece surcando los cielos, buscándonos para así terminar con nuestra aventura. Usamos la misma táctica que en las profundidades: los escombros como escondite hasta que sea seguro salir.

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Mi compañero decidió avanzar antes de tiempo, fue interceptado por el enemigo quien no le perdonó el error, dejándolo al borde de la muerte. En seguida salgo a su rescate, me acerco y comienzo a emitir sonidos, era la única forma de transmitirle salud para que pueda seguir adelante. Logró ponerse en pie y con mucha lentitud pero sin mirar atrás, llegamos un lugar seguro.

La nieve seguía, la gélida temperatura consumía la resistencia de nuestros personajes. El viento nos empujaba tan lejos que teníamos que repetir el mismo camino una y otra vez. Caminamos, sin rumbo, ya no veíamos nada. De repente, veo a mi compañero fallecer, luego, me toca a mí.

Una cinemática muestra como un grupo de extraños seres miran a mi personaje hasta revivirlo, de alguna forma. Salgo disparado hacia el cielo abierto, estaba a nada de llegar a la cima, era mi momento. Caigo sobre una plataforma, ¿dónde está mi compañero? La respuesta la encontré en seguida, con el característico sonido que emitía con el jugador cuando festejábamos la superación de un nivel. Volvimos de la muerte y estábamos juntos, era hora de terminar esto.

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Entre deslizamientos y saltos, extraños seres que nos acompañaban, nubes, cascadas y un colorido escenario, el camino se construía frente a nosotros y disparaba una gran cantidad de sentimientos: libertad, superación, adrenalina. La escalada era rápida y ponía en juego todo lo aprendido durante la aventura, no solo ya era dominado, sino que se sentía bien, era algo automático, sentía que el camino no era trazado por el juego sino por cada uno de mis movimientos. Es mi trayecto, estoy acá por mérito propio y la cima es mi mayor recompensa. Un fuerte impulso me deja delicadamente sobre lo más alto de la montaña.

Lo logré. Es hora de festejar con el jugador que me acompañó durante todo el trayecto.

En lo más alto de la montaña, solo me faltaba dar unos pasos hacia la luz, pero decidí esperar. Pasaron minutos, bastantes, lo suficiente como para cortar el ritmo que venía tomando la historia. Al cabo de un rato terminé perdiendo la fe, nunca más vi a aquel jugador que me acompañó en esta maravillosa aventura.

Tenía un nudo en la garganta, sin explicación para muchos, pero sí para mí. Journey logró vincularme con una persona desconocida. Nos sentimos inseparables por más que realmente no sea así. Nos guiamos, nos cuidamos y festejamos el logro cooperativo. Llegar al final del trayecto de manera solitaria me hizo sentir vacío, un final inconcluso, un desenlace injusto.

Journey solo puede ser un videojuego. Una obra que vincula dos personas y las lleva por un viaje inolvidable, el cual será distinto según la persona y su experiencia particular. Se transmiten sentimientos a través de una rompedora puesta en escena, una paleta de colores muy cuidada, un sonido encantador y dos personajes que disfrazan a la persona que hay detrás de la pantalla: vos y el jugador que te acompaña. Porque no importa quienes sean ambos. Si quieren realizar este viaje deberán actuar como uno solo.

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