Death Stranding: El análisis de un delivery

Death Stranding análisis de un delivery

Llevo más de un año trabajando de Delivery. Crucé las cuatro estaciones a bicicleta, a veces a pie, pero siempre con una mochila cargada de paquetes en la espalda.

Cuando llegó a mis manos Death Stranding no tenía la menor idea de qué trataba el videojuego o en los zapatos de qué personaje me iba a poner. La respuesta surgió enseguida: Delivery. En ese momento se me formó una sonrisa un tanto rara, como si se me habría contado algún chiste malo.

Death Stranding gastó un presupuesto elevado para entregar una experiencia a través del Delivery. Quizá es algo secundario, pensé. Para nada. Sam Porter Bridges, repartidor, es el protagonista de esta historia. Y es a través del Delivery que las mecánicas del videojuego cobran sentido.

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Es realmente extraña la sensación de pasar de repartir paquetes en la realidad para hacerlo con gusto en un videojuego. ¿Es Death Stranding un simulador de Delivery? Siendo yo uno, no termino de sentirme cómodo con la pregunta, mucho menos con la respuesta. ¿Es GTA un simulador de peatones? ¿Es Assassin’s Creed un simulador de parkour? En realidad, podemos llamar a todos los videojuegos simuladores de “X” porque se inspiran en elementos de la realidad para simularlos en un mundo virtual. Si no los representan con exactitud, ficcionan las facetas con fines dramáticos. ¿Qué no fue simulado en un videojuego?

Si Death Stranding es simulador, simula demasiadas cosas: simulador de Delivery, de caminante, de explorador, de viajero. Simulador de trabajador, de trabajador explotado, de trabajador despedido y vuelto a ser (repatriado) reincorporado. Simulador de héroe, héroe social, un héroe sin capa.

Para mí, ¿qué es Death Stranding? Esta pregunta sí la puedo responder. Para ello, voy a describir mi experiencia.

Un Delivery jugando a ser Delivery.

Give Up - Low Roar

Lo primero que llamó mi atención jugando Death Stranding fue la distribución de paquetes del protagonista. Una mochila en la espalda donde se cargan los paquetes, ajustando los brazos para que quede firme, en perfecto equilibrio, sin que se estropee el contenido. Si se alcanza el tope, los paquetes se atan en los brazos y piernas de Sam. En mi caso, los llevo en las manos o el manubrio de la bicicleta, depende el tipo de pedido.

También es curioso cómo pude identificar a BB con un objeto indispensable en mi trabajo: Una mochila pequeña que se ajusta en mi torso de forma cruzada, donde llevo el dinero, documentos, una bebida y mi smartphone. La protejo de la lluvia para que no se estropee el dinero, tampoco el smartphone, donde consulto los trayectos más eficientes o reproduzco música para acompañar los kilómetros a recorrer.

Una característica original en Death Stranding es la mengua. Lluvia que deteriora lo que toca. Lo envejece hasta alcanzar la muerte: podemos observar cómo en contacto con la tierra fértil acelera el crecimiento de las flores, las marchita y las vuelve a hacer crecer, repitiendo el proceso.

Death Stranding análisis de un delivery

El contacto con la mengua es peligroso. Puede arruinar el paquete, pero peor aún, puede arruinar la piel o la vida de nuestro protagonista. Es por ello que lleva protección adecuada, teniendo la posibilidad de consultar el pronóstico del tiempo para evitar el daño.

En nuestra realidad no hay mengua, pero hay algo parecido: Un sol que quema la piel, la daña, la seca, la lastima. En el peor de los casos, puede provocar cáncer. El uso de protector solar es indispensable, así como una hidratación adecuada: a mí, un bronceado me cubre los brazos, desde la punta de los dedos hasta el codo, marcando las mangas de la remera. También la cara, el cuello, una parte de las piernas.

Los clientes no paran de recordármelo: “Que lindo bronceado que tenes, ¿Usas algún tipo de producto en especial?” Hago lo posible para forzar una sonrisa. Respondo: “No, nada en especial. Pero igual el sol está jodido, hay que cuidarse”. Desvío levemente el tema, pensando en la ignorancia de algo tan dañino como el sol de nuestros días. Las frases de cumplido hacia un bronceado que obtuve exponiéndome al calor de las 14 horas, con 39 grados de temperatura para llevarle a un cliente su gaseosa sin azúcar, bien fría.

La música es ideal para acompañar el viaje largo, aburrido, diario, monótono. Se pintan las calles con la voz de nuestro cantante favorito, se sincroniza cada giro de cadena al ritmo de una guitarra. En Death Stranding la música está excelentemente insertada. Los temas escogidos de Low Roar son introspectivos, enmarcando las secuencias de caminata, exaltando sentimientos de cansancio, miedo, amor, angustia.

No hay ninguna diferencia entre el mundo virtual y el nuestro: Entre una larga lista de bandas musicales, Low Roar me acompañó en la realización de entregas en la ficción, también en la realidad.

Lo interesante es que Sam Porter Bridges no tiene un reproductor de música. La música la escucha el jugador. La música, en realidad, es una suerte de reflejo emocional de nuestro protagonista. ¿Y qué sucede cuando no hay música? Bueno, en los trayectos más extensos, Sam suelta alguna frase, comentario, queja.

Death Stranding análisis de un delivery

Entre ida y vuelta, un pedido te puede llevar decenas de kilómetros. Sin música para acompañar tus pensamientos, es probable que te sorprendas hablando con la persona que mejor te conoce: vos mismo. Un comentario sobre el cliente que te despreció por llegar unos minutos tarde o una puteada al clima que no hace más que aumentar la fatiga. Es el resultado del estrés, el agotamiento, la presión y la soledad.

No hace falta que mencione lo bien representada que está la incomodidad de Sam cuando realizamos varios pedidos al hilo. Su rostro expone cansancio, sus pasos son cada vez más lentos. Pero hay algo que seguramente pasa desapercibido: La ducha. Porque ducharse es socialmente sinónimo de higiene. ¿Cómo no se va a sacar el olor a transpiración del cuerpo? Pero la ducha en Death Stranding va por otro lado. En la realidad del Delivery, también: no importa si llegaste a tu casa, prendiste el aire acondicionado, te hidrataste o te fuiste a dormir la siesta. “La vida” no se recupera hasta que te duchas.

Es en la ducha cuando los músculos se relajan, la mente se desconecta, el cuerpo se renueva. Es allí donde realmente sentís una liberación de la carga que llevaste varias horas en la espalda. Sam lo expone de la mejor manera posible: Su ducha no tiene ningún producto similar al jabón. Él se sienta, se relaja, cierra los ojos, piensa, y deja que el agua le masajee la espalda con marcas ocasionadas por la carga pesada. Es la ducha que, en primer lugar, necesita todo repartidor.

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Por supuesto, en la experiencia real no es común la marca de la mochila en la espalda (en Death Stranding es un recurso que cumple dos funciones: exponer la sensación de esfuerzo y ser una consecuencia coherente con la pila de paquetes que lleva Sam a sus espaldas). Sin embargo, es común el dolor en hombros, brazos y lumbar.

En los peores casos necesitas de un fuerte analgésico. Esto sin contar las ampollas de las manos, los cortes de las bolsas o el mismo manubrio, y los malestares contraídos por el clima: en invierno no se sienten los pies por el intenso frío, sobre todo en la lluvia, mientras que en verano es indispensable la hidratación, de no hacerlo, al final de la jornada aparecen dolores de cabeza, musculares o vómitos.

Death Stranding análisis de un delivery

Si sos una persona joven trabajando de Delivery como yo, no tenes derecho a queja. Las personas te van a decir que “Es un trabajo de paso, tranquilo, para ganarte unos pesos”, una frase de fábrica completamente fuera de contexto.

El Delivery es agotador, tanto física como mentalmente. Y es un trabajo con una remuneración baja. Siempre vas a depender de las propinas. Pero el que deja propinas, cree que el repartidor tiene un buen sueldo asegurado y por supuesto, en blanco, con seguro.

Spoiler alert: No suele haber buen sueldo, mucho menos en blanco, tampoco seguro.

No hay motivo para desmerecer ningún trabajo. En este caso, el de repartidor. Hace falta un cambio socio-cultural para que los repartidores sean mejor valorados en términos de remuneración como en dignificación del empleo.

Es por eso que Death Stranding me interpeló como pocos videojuegos lo hicieron.

The Man Who Sold The World - Midge Ure

La obra de Kojima Productions pone en lugar del héroe a una persona que en nuestra realidad es un trabajador explotado, desvalorizado. Es un empleo observable en el día a día, con cajas amarillas, rojas y naranjas yendo a toda velocidad por las avenidas, que no recibe los derechos que se merece.

El Delivery es invisible hasta que hace ruido la panza. Es mal pagado hasta que el repartidor alcanza un sobreesfuerzo durante horas, llegando antes de lo acordado con el pedido.

Quizá la valorización del Delivery no llegue nunca, o puede que sí: rompiendo la cadena que ata la bici a nuestros pies, liberándonos de esas pesadas cargas que generan dolores en la espalda y lumbar. Solo seríamos valorizados si el mundo se quedase sin Delivery, generando un Death Stranding a la inversa.

Lejanas utopías.

Seguiremos repartiendo.

Death Stranding análisis de un delivery
Dont Be So Serious - Low Roar

Mayo 2020. Argentina lleva más de un mes en cuarentena.

Este artículo lo redacté en febrero, cuando los medios de comunicación aseguraban que la gripe común mataba más que el coronavirus.

Lo escribí por dos motivos. El primero, porque adoro realizar comunicación de videojuegos. El segundo, porque fui un Delivery jugando Death Stranding, algo poco común en el periodismo de videojuegos (aunque no descarto que un periodista tenga que hacer Delivery para llegar a fin de mes). Y si bien no tengo un alcance de millones de visitas, ¿por qué no aprovechar el (desafortunado) momento?

Sin embargo, dejé pasar el tiempo con la nota guardada en el cajón. Al no publicarla en febrero, ahora me encuentro con un dilema. Y es que, de un día para el otro, el mundo cambió por completo.

El coronavirus es mortal y de rápida propagación. La única manera de evitar el contagio masivo es quedándose en casa, al menos, los que pueden. Porque trabajos como el Delivery, entran en la lista de excepcionales.

¿El artículo debe ser editado? En absoluto. Mantendré la versión original intocable. Pero quiero hacer una aclaración sobre el final.

No sé qué impacto tendrá el cierre que le di a la nota. Mi intención fue aclarar la delgada línea que separa la ficción de Death Stranding y nuestra realidad en términos de sistema de mensajería (Cargador/Delivery).

Nuestro mundo jamás valoró al repartidor. Se acepta socialmente como un trabajo en pésimas condiciones para que los más jóvenes “aprendan a ganarse el peso” o los que menos tienen puedan acceder a una entrada económica “poco exigente”.

He conocido a trabajadores de más de treinta años entregando paquetes en jornadas de 10 horas arriba de la bicicleta. Es realmente agotador, una agonía, sobre todo en las estaciones de verano e invierno.

En la sociedad de Death Stranding pasó algo similar hasta que llegó esa gran explosión que resignificó el trabajo de repartidor. Comenzó a ser valorizado: sin repartidores, el mundo está completamente desconectado.

En las últimas semanas, Death Stranding comenzó a presentarse, en parte, como una figura de la crisis actual del coronavirus.

En palabras del mismo videojuego, nuestros repartidores están siendo repatriados en una emergencia mundial. Son trabajadores que, a pesar de la situación extrema, mantienen conectadas a las personas entre sí, y con sus necesidades.

Como aquello que escribí en febrero, cierro con la siguiente frase:

Seguiremos repartiendo.

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Muchas gracias por estar del otro lado.

2 comentarios

  1. Me hizo emocionar tu relato, es asombroso como este juego predijo en cierta manera lo que está pasando ahora con el tema de «los cargadores» y como estamos todos encerrados. Seguí así hermano!

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