Análisis de The Cosmic Wheel Sisterhood en PC y Switch, videojuego narrativo desarrollado por Deconstructeam.
Hay mucho de mí mismo que no reconozco dentro de los videojuegos que jugué en el último tiempo. Las tendencias dentro de la industria nos han llevado a limitar las discusiones, a acordar en las formas y a movernos dentro de parámetros que no varían. Hace unos años, todos nos resguardábamos en los títulos independientes: los videojuegos de presupuestos estratosféricos existían para darnos más de lo que a todos les gusta, pero en los indies era donde “se hacía arte”, donde “se rompían los moldes”.
Hoy en día la homogeneización cubrió a este tipo de experiencias también, y se ha vuelto difícil que videojuegos lanzados por fuera de distribuidoras como Annapurna Interactive o Devolver Digital (que publicó la obra que hoy nos compete) alcancen un éxito sobresaliente. No obstante, creo que la razón por la que sigo eligiendo escribir sobre videojuegos es que, aun en este contexto tan desalentador y esta estructura normalizante, existen estudios como Deconstructeam y obras como The Cosmic Wheel Sisterhood.
Una soledad universal

The Cosmic Wheel Sisterhood es una historia de muchas historias. A su manera, es el relato de un aquelarre conformado por brujas de diversos tiempos, planetas y realidades. Es también la historia de Fortuna, una tarotista exiliada por vaticinar un futuro desolador que vive sola en algún punto del universo, pero, ante todo, es un trabajo que pone a la palabra en su centro y explora cómo las usamos para entender y construir nuestra propia realidad.
A nosotros nos toca acompañar en todo momento a Fortuna, que luego de cumplir con 200 años de una condena milenaria decide ponerle fin a su soledad e invocar a Ábramar, un behemoth prohibido por su aquelarre, que está dispuesto a enseñarle a la bruja el arte de diseñar su propia baraja del tarot para reemplazar la que le fue arrebatada en el pasado.

A partir de esta premisa, la experiencia se constituye en 3 “bloques”: las conversaciones dentro de la casa espacial de Fortuna (que empieza a recibir visitas luego de la llegada de Ábramar), las escenas aisladas para retratar el pasado u otros contextos y la creación de cartas; porque sí, Deconstructeam sigue acompañando su construcción narrativa con una pata mecánica lo suficientemente novedosa como para sorprender al jugador y potenciar la historia que se quiere contar. Así, lo que en The Red String Club fueron los cócteles, aquí son las cartas (que ya estaban presentes a su manera en De tres al cuarto).
El funcionamiento de dicha “creación” es bastante simple, el juego simula una especie de interfaz de Photoshop en la que tenés que elegir un fondo, un personaje central y algunos accesorios que podés mover, alterar y colocar a gusto. Sinceramente, es un sistema muy efectivo, de esos que te meten en una especie de “zona de confort” en la que terminas invirtiendo muchísimo más tiempo del esperado.
Un videojuego que construye sentido
Como todo lo que cuenta con la autoría de Jordi De Paco, The Cosmic Wheel Sisterhood es un videojuego MUY bien escrito en diferentes niveles. Es una buena historia, con una estructura bien construida, con una forma coloquial por momentos e increíblemente poética por otros; y que, por sobre todas las cosas, aprovecha el medio en el que está narrando. Los ejemplos a lo largo de la experiencia son muchísimos, pero para evitar el spoiler me voy a limitar a decir que hay cierta revelación en un tramo de la historia que, sin modificar absolutamente nada en el sistema, cambió por completo mi aproximación a la obra.
Volviendo un poco a lo que decía en la introducción, no puedo quitarme de la cabeza que este es uno de esos videojuegos que vemos poco, pero que, bajo mi perspectiva, le dan sentido a la existencia del medio. Es una obra compleja y con mucha altura discursiva, pero que escapa de la pedantería gracias a su cercanía con lo real, a su empatía con los dramas de lo cotidiano y a sus referencias bibliográficas poco convencionales (que agradezco de sobremanera).
Desde luego, todo esto no podría ser así sin la impronta artística de Marina González y la banda sonora de Paula “fingerspit” Ruiz. Al igual que ocurría con los juegos pasados del estudio, creo que se logra transmitir la cercanía, el esfuerzo y el amor de los tres desarrolladores por lo que se está intentando construir; y eso para mí es importante, porque en una industria donde no suelen preponderar los nombres ni las personalidades, es lindo percibir tanta humanidad.




