Reseña. Nioh 3 es el punto más alto y accesible de la trilogía

Team Ninja toma riesgos con zonas abiertas, dos aliados fijos y una accesibilidad que invita a cualquiera a probar su combate más pulido

Hace seis años, Nioh 2 nos dejó la vara altísima. Team Ninja experimentó en Wo Long y en Rise of the Ronin, y se nota que todo desembocó acá. Nioh 3 no es conservador: apuesta por abrir la fórmula al mundo sin perder el filo.

Te recibe con un mapa por zonas que evoca a Elden Ring y te suelta sin demasiadas explicaciones. Podés meterte en áreas que te superan o seguir el camino principal para fortalecerte. La libertad no diluye la identidad samurái; la potencia.

Dos almas en un solo guerrero

El corazón de Nioh 3 late con dos ritmos. Con un botón alternás entre estilo Samurai y estilo Ninja a mitad de combo. El Samurai es pausado: exige medir cada bloqueo y usar el Ki Pulse para no quedarte sin aire. Las deflecciones recuerdan a Sekiro, pero el timing es más indulgente y premia la paciencia táctica.

El Ninja es caos: esquivas, atacás por los flancos y dejás un clon que distrae mientras castigás por la espalda. No usa Ki Pulse, pero su resistencia se regenera a toda velocidad. Alternar estilos es un placer: arrancás pesado, quebrás la guardia y rematás con cortes ligeros sin respiro.

La personalización ofrece dieciséis árboles de habilidades, armas desde katanas hasta garras y tonfas, y reinicio de puntos sin costo. Experimentar con builds, hechizos elementales y los Soul Cores que arrancás a los enemigos se vuelve un vicio. En Solo Jugadores creemos que pocos juegos te sueltan tanto poder sin castigarte por probar.

El campo de batalla es tu nuevo dojo

Adiós al mapa de misiones. Cada zona abierta está cuajada de cofres ocultos, santuarios, mercaderes, bases que liberar y jefes de mundo que patrullan como depredadores.

El nivel de exploración revela secretos y da mejoras permanentes de ataque, defensa y suerte si escarbás cada rincón. Nunca sentimos el contenido como relleno: hasta perseguir gatos esquivos es un minijuego que arranca sonrisas.

Los escenarios mezclan ambientación histórica fantástica con diseños de personajes que son un deleite. Takeda Shingen y sus generales imponen una presencia escénica que deja postales imborrables. Lástima que en PC nos topamos con tirones en las zonas densas y una dependencia forzada del DLSS que empaña la fluidez. No es un desastre, pero le falta pulida al rendimiento que esperábamos de la tercera entrega.

Compañeros que no piden permiso

Team Ninja entendió que la dificultad podía alejar a muchos. Ahora dos aliados te acompañan de manera permanente, sin desaparecer tras los jefes. Su presencia baja la presión en los enfrentamientos más duros y evita que la exploración se corte por una pared de frustración.

La curva se suaviza más con el viaje rápido entre santuarios y la facilidad para subir de nivel a tu ritmo. Es, de lejos, la entrega más accesible: si te frenaba la dureza del género, conviene ver los mejores soulslike con cooperativo real para entender de qué se despega. Los veteranos pueden sentir que el estilo Ninja domina demasiado al principio; a nosotros nos pareció un desequilibrio notorio que se empareja recién en fases muy avanzadas, cuando los enemigos aprenden a seguir tu evasión.

Cuando la bolsa pesa más que la espada

El loot es un aluvión. El inventario arranca con dos mil espacios y se llena rápido de armas, armaduras y objetos de crafteo. La gestión abruma y el sistema de creación, con estadísticas aleatorias, se parece más a una máquina tragaperras que a una forja.

Armas crucible suben el daño a costa de reducir tu vida máxima al golpear, una idea interesante sepultada entre tanto ítem genérico.

El sistema de invocaciones renueva las interacciones sociales. Dejás marcadores para que otros traigan a tu personaje como aliado controlado por la IA, y tus muertes se convierten en revenants que otros combaten por Gloria sin penalizarte. Un loop de comunidad silenciosa que funciona muy bien.

Una leyenda que se susurra, no se grita

La narrativa principal no engancha. La historia avanza sin urgencia y prestamos más atención a las cinemáticas por el despliegue visual que por el guion. El doblaje al inglés es difícil de defender; por suerte, las voces japonesas sumergen mucho mejor.

Brilla el diseño de enemigos y la variedad de situaciones. Cada jefe tiene carencias obvias que explotar si observás con astucia. La banda sonora cumple sin estridencias, aunque no encontramos temas que se peguen después de apagar la consola.

¿Vale la pena el viaje del ronin?

Nioh 3 es la culminación de todo lo que Team Ninja aprendió en estos años. Si alguna vez quisiste entrar al género y te frenaba la dificultad, este es el momento justo. La libertad de builds, el mapa abierto y los aliados permanentes te reciben con los brazos abiertos sin traicionar la esencia samurái.

El fan de la primera hora encontrará un combate más pulido y versátil que nunca, aunque quizá extrañe los picos de tensión asfixiantes. El rendimiento irregular en PC y el exceso de objetos son piedras en un camino que, aun así, se transita con una sonrisa cada vez que encadenás un intercambio perfecto de estilos.

Creemos que la trilogía se despide en su punto más alto y accesible; no es un adiós que deje melancolía, sino ganas de quedarse un rato más.

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En Solo Jugadores hacemos reseñas en español con análisis claros, sin spoilers y una mirada crítica que valora lo mejor de cada videojuego.

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