La nueva apuesta de Supermassive brilla en lo visual pero se enreda en sus propias decisiones jugables, dejando una experiencia que no termina de cuajar
Cuatro años después de The Devil in Me, Supermassive Games retoma la antología The Dark Pictures con un giro a la ciencia ficción y el horror cósmico. Directive 8020 nos sube a la Cassiopeia, rumbo a Tau Ceti f, donde un alien que imita humanos siembra la paranoia. Las comparaciones con Alien y The Thing son inevitables.
Arrancamos con expectativa genuina, pero tras diez capítulos y diez horas la tensión se diluye. La promesa de un «quién es humano» pronto se deja llevar por la inercia, y la nave nunca termina de remontar.
Un carnaval de carne y pesadillas
Lo primero que te agarra es su factura visual. El salto al Unreal Engine 5 le sienta de maravilla: los rostros en primer plano alcanzan un detalle inédito en el estudio. En una PS5 Pro a 120 Hz, modo fidelidad a 40 FPS, todo fluyó sin tropiezos.
El horror corporal es donde el juego gana los elogios más viscerales. El alien es un amasijo de tejidos, dientes y huesos que incomoda aun con ajustes modestos. Cada encuentro cercano te revuelve el estómago, justo lo que le pedimos.
Lástima que ese impacto no encuentre escenarios a la altura. La Cassiopeia cumple con su aire «NASApunk», pero rara vez sorprende. Se conforma con ser una sombra prolija de la Nostromo.
El manual de Nostromo, vuelto a copiar
La historia es el lastre más grande. Corporación oscura, tripulación desconfiada, alien infiltrado: todo está contado con oficio, pero los clichés se amontonan. Pasadas las dos primeras horas, el déjà vu pesa más que los giros del guion.
Hay momentos de tensión y muertes brutales, aunque la trama nunca despega de sus referentes. La ausencia del Conservador se extraña; ese hilo conductor que le daba personalidad a la antología acá falta más de lo que hubiéramos imaginado.
A escondidas y sin sorpresa
El sigilo en tiempo real al principio pellizca. Agazaparse en las sombras para esquivar al alien genera una tensión genuina. El problema es que la inteligencia artificial sigue patrones demasiado predecibles: merodea, se detiene y retoma su ruta guionizada con rigidez, lo que le hace perder todo misterio.
A partir del cuarto episodio, el bucle de encontrar una batería, alimentar una puerta y esconderse atrás de una caja se vuelve monótono. Las persecuciones que mezclan carreras con QTE resultan toscas. La fórmula sigue anclada en caminar, resolver puzles sencillos y reaccionar a tiempo. El miedo no sobrevive cuando la mecánica te la sabés de memoria.
Rebobinar hasta perder el miedo
El sistema de Puntos de Inflexión permite rebobinar a cualquier bifurcación para explorar ramas narrativas sin empezar de cero. Entendemos la intención: exprimir decenas de muertes y permutaciones. Como herramienta de posjuego es brillante.
En la primera partida nos parece un tiro en el pie. Aunque jugás en modo Superviviente, saber que el árbol está ahí, tentándote, le resta peso a cada decisión. Peor aún: ojeando el mapa de episodios se filtran pistas sobre qué personajes no pueden morir hasta cierto punto, lo que fulmina cualquier atisbo de desasosiego.
Lo que se gana en rejugabilidad se pierde en tensión inmediata, y en un juego de terror eso se paga caro.
Un reparto que nunca se termina de embarcar
Las actuaciones son irregulares. Lashana Lynch como Brianna Young entrega lo más sólido, con una voz que empasta con el peso dramático. Algunos diálogos entre la oficial Laura Eisele y la médica Samantha Cooper mantienen el enganche cuando la desconfianza trepa.
El resto del reparto se queda en tierra de nadie. Secundarios que apenas esbozan un rasgo antes de convertirse en carnaza del alien, y la escritura no siempre les da motivos para que te importe su destino.
Un detalle molesto: con auriculares envolventes, el audio direccional nos jugó en contra. Las voces llegaban distorsionadas y ubicar amenazas por el sonido fue más frustrante que inmersivo.
El destino de la Cassiopeia, ¿te llama a bordo?
Directive 8020 no es un mal juego, pero le cuesta justificar cuatro años de espera. Visualmente es lo más potente que le vimos a Supermassive, y el catálogo de muertes y ramificaciones es un festín para quienes aman desmenuzar cada rincón narrativo.
El multijugador local a cuatro, donde cada quien maneja un personaje y el que muere queda fuera, le suma un pico de diversión que la campaña en solitario no siempre alcanza.
Si sos fanático de la antología —y venís siguiéndola desde entregas como House of Ashes— y te fascina explorar todas las posibilidades sin fricción, acá vas a encontrar un patio de experimentación muy disfrutable. Pero si lo que buscás es un horror que te agarre del cuello y no te suelte, Directive 8020 se queda a medio impulso, atrapado entre sus virtudes técnicas y una personalidad prestada que nunca logra eclipsar a los monstruos que tanto admira.



