Syberia: En busca de la felicidad

Kate Walker lleva una vida normal. Estudió, se recibió de abogada, consiguió un puesto en una firma de abogados, y ahora se dirige al pueblo de Valadilene en Francia para cerrar un contrato importante: Una multinacional de la industria de los juguetes está a punto de adquirir la fábrica de autómatas Voralberg.

Con lluvia torrencial, el pueblo le da la bienvenida a Kate Walker, quien busca inmediatamente a Anna Voralberg, la dueña actual de la fábrica, para que firme el contrato. Para su sorpresa, la mujer falleció recientemente. La firma queda suspendida puesto que no hay ningún heredero para cerrar el trato.

Buscando una solución, Kate Walker se entera de la existencia de Hans Voralberg, hermano de Anna y presunto heredero de la fábrica. Sin embargo, no está cerca. Para encontrarlo, se debe dirigir al norte de Siberia, donde fue hallado por última vez.

Si hay algo que tiene Syberia, son muchos secretos que sacar a la luz, muchos enigmas que resolver. Hans Voralberg se introduce como un personaje misterioso y su relevancia comienza a hacerse tangible a medida que conocemos el pueblo, pero también otras locaciones.

El presunto heredero de la fábrica es una mente maestra en la ingeniería mecánica, creando autómatas, vehículos y otras maquinarias. Uno de sus inventos ha sido Óscar: El maquinista de un tren que promete llevarnos al norte de Siberia.

Cuando vemos a Óscar por primera vez, lo reconocemos como un Robot. Pero Syberia se encarga de hacernos olvidar de esa palabra: Robot no es lo mismo que Autómata, la diferencia radica en que el primero no tiene corazón.

Conociendo a Óscar, maquinista del tren que nos llevará a Siberia

Con esa frase en la cabeza, el cariño hacia Óscar es cada vez mayor. Si la filosofía común en productos culturales es que los robots no tienen sentimientos, Óscar se gana el carisma por la cantidad de veces que actuará como un ser humano: Razonando, pero también sintiendo.

La búsqueda de Hans Voralberg por parte de Kate Walker recibe entonces un impulso doble. El autómata se muere por conocer a su creador; la abogada necesita urgentemente una firma en su contrato.

El guión de Syberia es excelente, marcando una curva en la filosofía de Kate Walker. En el punto inicial de la historia, se presenta como una abogada cumpliendo con su trabajo. Pero además de abogada, tiene otros roles: Es hija, amiga, novia. Y se le irá recordando con llamados telefónicos: Por parte de su madre, para decirle que la extraña o comentarle lo bien que la está pasando en sus citas; Su amiga, que la llamará para contarle cómo fue su día; Su jefe, quien presionará a Kate Walker para que cumpla lo antes posible con la firma del contrato; Su novio, una persona tóxica que cuestiona las acciones de Kate, haciendo un juego manipulador con la protagonista. Atada a la vida cotidiana, la abogada hará lo posible para obtener la firma de Hans Voralberg y volver con sus seres queridos.

Locaciones fascinantes: El arte de Benoit Sokal

El viaje avanza. Kate Walker conoce lugares sorprendentes en términos de arquitectura, pero también en la forma de vida de sus habitantes. Hans Voralberg es una persona conocida, dejando huella en cada sitio visitado. El norte de Siberia comienza a revelar sus secretos, pero aún mejor es cuando nos enteramos de la leyenda de Syberia, una isla misteriosa relacionada con un culto milenario realizado en el norte de Siberia, donde habita Hans Voralberg.

La historia de una abogada que busca firmar un contrato más, comienza a ser eclipsada por la fantasía de una isla que nadie cree que exista, por los sueños de una persona que todos creen loca. Los llamados telefónicos son cada vez más intensos con una madre preocupada, una amiga egoísta, un jefe soberbio y un novio violento. En paralelo, la intensidad también es cada vez mayor en el viaje hacia Siberia. Mientras más nos acercamos a destino, conocemos nuevas locaciones fantásticas, así como personajes que añaden un granito de arena a nuestra imagen mental de Hans Voralberg, quien comienza a dibujarse como una persona portadora de una dualidad: Excéntrico ingeniero mecánico y un charlatán de leyendas que no pudo abandonar de niño.

En los últimos periplos de la historia, los entornos exponen ciencia ficción, fantasía y misterio en su punto más álgido. Sin saber hasta qué punto todo lo que cuenta la leyenda de Syberia es real, Kate Walker tenía que conocer a Hans Voralberg para que, firmando el contrato, se termine todo de una vez.

Los llamados telefónicos empujan, también, al punto extremo la relación con cada uno de los seres que Kate Walker creía queridos: Su mejor amiga la llama para confesarle que se acostó con su novio, quien se habría ofendido porque Kate prefería irse de viaje antes de volver a casa con él. Quizás es su madre la que dentro de todo mantiene los estribos, aunque por lo general, sus llamadas tienen un aire narcisista del que Kate no aguanta. Por el lado laboral, su jefe, con total impunidad, amenaza a Kate Walker con despedirla de la firma de abogados, tratándola de incapaz, a pesar del extenso viaje realizado.

La moneda se lanza al aire. Dos caras: La aventura, lo rutinario; libertad, cotidianeidad.

Kate Walker encuentra a Hans Voralberg sentado, esperando la llegada del tren que lo llevaría a cumplir su sueño

Finalmente. Kate Walker encuentra a Hans Voralberg, pidiéndole una firma. El anciano firma sin negarse, comentándole su destino: Syberia. Nótese el cambio sutil en la “i” latina, refiriéndose a la misteriosa isla que nadie cree que exista.

Sus últimos deseos antes de partir, un capricho fantasioso que nunca pudo alcanzar la madurez. Hans Voralberg ha sido tratado toda su vida como una persona con delirios al hablar de la existencia de Syberia, de asegurar que en algún lugar del océano yace una isla en la que aún viven los mamuts, paseándose entre hierbas azules.

El racionalismo de Kate Walker se agrietó en cada locación visitada. Es imposible asegurar la existencia de Syberia, una isla que no aparece en mapas o investigaciones científicas. Pero los fantasiosos sucesos que se vivieron fueron de gran impulso para creer en que haya algo.

Con el contrato firmado en mano, a punto de abrir la puerta del avión que la llevaría a New York, Kate Walker se da la vuelta y corre hacia el tren que parte hacia Syberia, con Óscar y Hans Voralberg a bordo. Lo alcanza, sube a bordo.

Hay que saber aprovechar las oportunidades cuando se presentan: Una frase conocida dice “El tren pasa una sola vez en la vida”. No obstante, la decisión de Kate Walker obtiene una mayor relevancia al liberarse de los vínculos tóxicos que la oprimen día a día con el sonar de su teléfono.

Sin la seguridad de saber cuál es el próximo destino, Kate respira tranquila al saber que tomó una decisión que le hizo bien. Encontró su independencia, se liberó de aquellos que creían ser dueños de su vida. Se dirige a Syberia, la metafórica búsqueda de la felicidad, de lo que nos apasiona: Lo que otorga un sentido a nuestra vida.

Syberia
Contacto

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.