Fusión de hackeo y acción en tercera persona que encuentra su propio ritmo, emociona con la relación entre un ingeniero y una androide, y se consolida como la nueva IP más fresca del estudio en años
Capcom venía amagando con Pragmata desde hacía un tiempo largo. Los retrasos hicieron lo suyo y la expectativa creció como espuma en un estudio que rara vez se la juega por una idea completamente nueva. Después de recorrerlo de punta a punta, confirmamos que valió la pena, y con creces.
La propuesta se vende como shooter en tercera persona, pero en Solo Jugadores sentimos que ese rótulo se queda corto. Ya cuando Capcom mostró el primer tráiler de revelación de Pragmata quedaba claro que apuntaba a algo distinto. Mezcla disparos con un sistema de hackeo en tiempo real que le da identidad propia; podríamos llamarlo hack and shoot. Ahí el juego encuentra su magia.
La danza del hackeo y el cañón
Lo primero que sorprende es cómo el minijuego de cuadrícula en tiempo real para hackear robots se integra con la acción. No es un simple minijuego; es el corazón del combate. Mientras Hugh esquiva y dispara, vos buscás el momento justo para que Diana abra los puntos débiles de los enemigos.
Al principio parece una locura, pero la curva de aprendizaje está tan bien escalonada que pronto entrás en trance. Saltás, hackeás, cambiás de arma y rematás sin perder el control. Esa sensación adictiva se mantiene fresca durante toda la campaña.
El arsenal ayuda. El arma principal de Hugh mejora, pero alternás con escopeta, lanzacohetes, láser de fotones, drones de distracción. La munición escasea y obliga a ser creativo, con una clasificación cromática: rojas para daño, verdes para hackeo, azules para defensa o engaño.
El árbol de mejoras te deja elegir sin nodos innecesarios. Desbloqueás habilidades de hackeo que congelan, confunden o exponen, y perks para Hugh más remates estilosos. Todo se siente útil.
Un mundo de contrastes hipnóticos
Pero lo que de verdad hipnotiza es el mundo. El RE Engine brilla con una dirección artística que va de la esterilidad opresiva de la base lunar The Cradle a biomas artificiales que quitan el aliento.
Bosques, océanos, playas y una recreación de Nueva York cobran vida gracias al Lunafilamento, que imprime en 3D casi cualquier cosa.
Los enemigos tienen personalidad mecánica impecable, y los jefes son para transpirar. El rendimiento en Xbox Series X es sólido, con cargas inexistentes; en PC, igual de fluido y sin bugs que empañen la experiencia.
Los paisajes te dejan boquiabierto, con momentos para frenar y admirar. La influencia de Inception o Remember Me se palpa en esas pantallas gigantes que recrean mundos perdidos. Es, simplemente, uno de los juegos más lindos que vas a ver este año.
Dos voces que sostienen una galaxia
El corazón de Pragmata late gracias a Hugh y Diana. La actuación de voz, en especial de la pequeña androide, es natural y sincera, y logra que te creas cualquier diálogo de ciencia ficción. La química entre ambos construye una relación padre-hija que empuja la aventura.
Diana te grita avisos, te anima y te alerta; esa integración jugable la vuelve indispensable. Es imposible no encariñarse con ella, y para cuando llegan los créditos, la historia te deja un nudo en la garganta.
No todo es perfecto: el vínculo inicial se acelera y algunos momentos emocionales no terminan de estar ganados. Pero hacia el final, la conexión pega donde tiene que pegar.
Hugh tarda en encontrar su personalidad y queda algo plano al lado de la carismática Diana. La trama no escapa a cierta previsibilidad. Igual, la historia cumple con llevar el ritmo sin tropezones graves.
Cuando el ritmo se acelera y no frena
La estructura por misiones, con ecos de Devil May Cry 5, mantiene un ritmo incesante durante las 10 o 12 horas de campaña. No hay relleno: cada zona te empuja hacia adelante o invita a explorar secretos. Los propulsores del traje suman verticalidad, y las zonas opcionales tientan a los que buscan desafío extra.
El gunplay tiene peso, recuerda a los remakes de Resident Evil, y la atmósfera inicial respira horror cósmico a lo Dead Space. Pero cuando la acción estalla, Pragmata encuentra su propia voz, no pide permiso y te mete en un torbellino que premia la agresividad y precisión.
Puede que extrañes más variedad de escenarios hacia la segunda mitad, pero los combates y la progresión te mantienen atento. Tras los créditos se desbloquean New Game+, modos adicionales y armas extra que justifican con creces otra vuelta.
Un hogar entre las balas
El Shelter es tu hub central. Ahí mejorás armas, traje y habilidades de Diana con créditos y módulos de mejora. La muerte no castiga: Diana tira un comentario ligero y reaparecés sin drama.
Explorarlo es un placer: hablar con Diana, jugar al escondite, leer archivos, cambiar trajes, completar simulaciones y revisar los coleccionables que trajiste de la Tierra. Cada vuelta al hogar se siente como una pausa viva que refuerza el vínculo entre los protagonistas.
¿Vale la pena subirse a este viaje lunar?
Pragmata es lo que Capcom necesitaba: una IP nueva, arriesgada y ejecutada con la confianza de sus franquicias queridas. La fusión hack and shoot es un hallazgo que nos dejó con ganas de más, envuelta en una presentación técnica y artística de altísimo nivel y un corazón inesperado.
Si buscás un shooter con mecánicas frescas, una historia que emocione sin empalagar y un ritmo que respete tu tiempo, este viaje lunar te atrapa. La trama no alcanza la profundidad de sus referentes y Hugh no es el más carismático, pero cuando saltás, hackeás y disparás, eso te importa poco. En Solo Jugadores lo volveríamos a jugar sin dudarlo.




