Reseña. Scott Pilgrim EX es un beat ‘em up que late al ritmo de un solo de guitarra en 8 bits

Un Toronto pixelado donde cada piña es una caricia y la banda sonora no te suelta. Secuela canónica y carta de amor que casi toca el cielo del género.

Volver a Scott Pilgrim EX siempre tiene algo de ritual. Después de que el original desapareciera de las tiendas digitales y se convirtiera en mito, Tribute Games trajo de vuelta a los Sex Bob-omb con una secuela que expande el universo sin perder la esencia callejera.

Este beat ‘em up lateral abre sus calles y suma capas de RPG. Las expectativas eran altas, y después de recorrer Toronto a los golpes, podemos decir que el viaje vale cada boleto de metro.

Lo primero que te golpea es el pixel-art grueso y nostálgico, que captura la energía de las novelas gráficas. Los escenarios son un desfile de locales, callejones con graffiti y portales que brillan en la pantalla.

Las animaciones son fluidas y llenas de personalidad, aunque en los momentos más caóticos —cuando la pantalla se satura— alguna física loca te saca un poco de onda. De repente un enemigo sale despedido como pinball sin motivo. Nada que arruine la fiesta, pero ahí está.

Una ciudad que respira y te invita a perderte

Tribute Games dejó atrás el mapa lineal de 2010 y armó una Toronto interconectada que se te queda grabada desde el primer paso. No es un open world enorme, sino un entramado de barrios —Distillery District, la zona portuaria, un downtown futurista— que vas desbloqueando con la historia.

Ese aire metroidvania ligero le sienta de maravilla: te empuja a explorar sin castigarte y siempre tenés un objetivo claro en el mapa. Las misiones secundarias y los secretos convierten la rutina de repartir piñas en algo más dinámico.

Mientras avanza la noche y la banda sonora de Anamanaguchi cambia de ritmo, uno siente que el juego te toma de la mano y te dice “quedate un rato más”. Le hacés caso, porque la música es un escándalo. Los temas chiptune-rock se te pegan al cerebro con facilidad casi insolente.

Cuando la piña se siente bien

Acá está el músculo de Scott Pilgrim EX. Nos sorprendió la fluidez y lo satisfactorio de cada encuentro. Tenés ataques ligeros y pesados, bloqueos, pasos rápidos, varios tipos de recuperación al caer y un supermedidor para esquivar sin gastar los Puntos de Agallas.

Las asistencias mejoradas son otro acierto: desbloqueás más de diez personajes de apoyo. Llamar a Wallace Wells para una mejora defensiva o a Young Neil para que arrase la pantalla nunca deja de ser útil y espectacular.

El elenco de siete personajes jugables es el golpe maestro. Arrancás con Scott, el equilibrado, pero enseguida desbloqueás a Ramona y su martillo letal, o a un Lucas Lee que pega como un camión. La variedad de estilos —la velocidad de Roxie Richter, los clones de Matthew Patel, el zoning de Robot-01— le da una rejugabilidad enorme.

El sabor agridulce de cambiar de personaje

No todo es música y puñetazos. Nos topamos con una decisión de diseño que le resta puntos: la progresión por separado de cada personaje. Cuando llevás una partida avanzada con Scott y querés probar a Ramona o a Gideon, los enemigos no se escalan.

Terminás con un personaje nivel uno frente a oleadas pensadas para alguien que ya acumuló mejoras. La única salida es farmear experiencia comprando comida y repitiendo zonas. Corta el ritmo que tan bien construye el resto de la experiencia.

En cooperativo el problema se nota más si un jugador gasta su dinero en mejoras que no benefician al compañero. Por suerte, el online funciona de mil maravillas desde el día uno, con crossplay y un drop-in/drop-out que suma risas.

Humor de cómic que a veces se queda en viñeta

La historia es un despropósito canónico, y eso es parte del encanto. La trama arranca después de la serie de Netflix, con Toronto asediada por veganos, robots y demonios. Scott y Ramona terminan aliándose con varios de sus Evil Exes para el rescate.

Los diálogos escritos por O’Malley tienen ese humor absurdo y meta que define la franquicia. Disfrutamos momentos realmente divertidos, como cuando Wallace usa una guía del futuro o los personajes rompen la cuarta pared sin aviso, ese mismo espíritu de guiños, referencias y secretos que siempre acompañó a la saga.

Sin embargo, hay encuentros donde los diálogos se sienten planos, como si repitieran una fórmula sin la mordiente de las mejores ocurrencias. El tono general respira Scott Pilgrim por todos lados, y para los fans eso pesa más que algún chiste que no aterrice del todo.

¿Se justifica otro viaje a Toronto?

Scott Pilgrim EX nos deja una experiencia que entusiasma y te hace notar detalles que un pequeño pulido redondearía. El combate es un baile de nudillos que no cansa, la ciudad un patio de recreo y la banda sonora te persiste mucho después de apagar la consola.

El problema de la progresión al cambiar de personaje y alguna irregularidad en la escritura impiden que alcance las cimas que el estudio tocó con Teenage Mutant Ninja Turtles: Shredder’s Revenge, pero se queda muy cerca.

Si sos fanático de la saga, este juego es un santuario pixelado que vas a visitar sí o sí —y si querés llegar afilado, no está de más repasar algunos consejos para domar su endiablada dificultad—. Si solo buscás un beat ‘em up con profundidad, carisma y cooperativo impecable, encontrás una compra más que justificada. En Toronto nunca se pegaron tan bien los acordes ni los puñetazos.

Escrito por

En Solo Jugadores hacemos reseñas en español con análisis claros, sin spoilers y una mirada crítica que valora lo mejor de cada videojuego.

Comentar artículo

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.