Analizamos Anno 117: Pax Romana en PlayStation 5, un city-builder histórico que combina gestión, política y arte romano con precisión y encanto.
Anno 117: Pax Romana nos invita a gobernar en la época dorada del Imperio Romano, desafiándonos a construir y expandir nuestra provincia mientras lidiamos con la belleza, la política y los dilemas de una civilización eterna. Una entrega que mantiene el corazón clásico de la saga de Ubisoft, pero lo adapta con acierto a las particularidades de las consolas modernas: esta es nuestra opinión de la versión de PlayStation 5.
Gobernar entre mármoles y conspiraciones

Desde el primer minuto asumimos el rol de un gobernador bajo la sombra del emperador. Ese vínculo imperial le da a la campaña un tono de intriga y drama, con decisiones que definen si seremos leales o rebeldes. La historia no intenta reinventar el género: su mayor atractivo está en el contexto romano y en cómo nuestras acciones moldean el destino de la provincia, ya sea en Latium, bajo la mirada del César, o en las tierras indómitas de Albion, donde la libertad tiene su precio.
El modo campaña funciona como una introducción sólida, casi un extenso tutorial, mientras que el modo sandbox despliega la verdadera esencia del juego: cada partida se transforma en un relato propio, lleno de eventos, misiones secundarias y diplomacia entre siete gobernadores rivales con personalidades bien marcadas.
Pero el corazón de Anno 117 está en la construcción y gestión urbana. Satisfacer las necesidades básicas (alimento, vivienda, entretenimiento) es solo el comienzo. A medida que la población crece, surgen nuevas demandas: bienes de lujo, templos, anfiteatros y servicios que equilibran la prosperidad con la estabilidad.
La clave está en el sistema de proximidad y logística: cada edificio influye en su entorno, generando beneficios o problemas. Un horno puede impulsar la economía, pero también aumentar el riesgo de incendios; una fábrica de Garum llena las arcas, pero amarga el aire de la ciudad. Planificar cada distrito, cada calle y cada ruta comercial se convierte en un rompecabezas absorbente, donde pensar veinte pasos adelante es casi una obligación.
La incorporación de caminos diagonales transforma la planificación urbana y aporta una naturalidad visual que rompe con la rigidez cuadriculada de entregas anteriores. Además, el progreso se siente más flexible gracias al árbol de tecnologías, que nos permite decidir cómo evolucionar nuestras ciudades. Ya no es necesario cumplir cada requisito para avanzar, pero hacerlo ofrece recompensas valiosas.
Dos provincias, tres caminos y muchas formas de hacer historia

La elección inicial entre Latium y Albion define el rumbo de la campaña. Latium representa el corazón del imperio, con su jerarquía clásica (Libertes, Plebeians, Equites) y un desarrollo más tradicional. Albion, en cambio, nos enfrenta a un dilema cultural: romanizar a los celtas o preservar sus costumbres. Podemos fundar un enclave mixto o mantener las raíces locales, lo que altera las clases sociales, los recursos disponibles y el modo de expansión.
En este contexto, el comercio y la diplomacia se integran de forma fluida. Podemos automatizar rutas de bienes, establecer límites de almacenamiento y negociar con otros gobernadores bajo un sistema de notoriedad donde incluso los actos religiosos influyen en la reputación. La política nunca es predecible, y aunque Anno 117 no es un juego de conquista, la intriga, las alianzas y las traiciones mantienen la tensión viva.
De hecho, el combate nunca fue el eje de la saga, pero acá gana peso. Ahora incluye batallas terrestres además de las navales. No busca el realismo de un RTS ni la profundidad táctica de un juego bélico, sino ofrecer un desafío adicional que complementa la gestión y la diplomacia. Defender la ciudad ante invasores obliga a repensar la disposición urbana y los recursos militares.
Un imperio que reluce: arte, sonido y la fuerza visual de Roma
El apartado visual es deslumbrante. La arquitectura, los paisajes y los detalles cotidianos transmiten el esplendor del Imperio Romano con una elegancia que pocos juegos del género logran. En la versión de PlayStation 5, recorrer las calles y observar a los ciudadanos trabajar, descansar o celebrar resulta hipnótico. La dirección de arte equilibra realismo y estilización con un pulso cinematográfico. Y el audio acompaña con solidez. Voces interpretadas con naturalidad, música ambiental rica y efectos sonoros que fortalecen la inmersión. No se roba el protagonismo, pero completa una puesta audiovisual impecable.
Las sombras del Imperio
En consola, el juego arrastra algunos bugs y problemas de control. Algunas misiones de escolta pueden quedar atascadas, bloqueando el progreso o forzando reinicios. También hay errores visuales menores (íconos que permanecen en pantalla o construcciones mal renderizadas) y una ligera pérdida de nitidez gráfica respecto a la versión de PC.
En la gestión, ciertos problemas resultan difíciles de rastrear, como la falta repentina de trabajadores o el desequilibrio económico sin causa aparente. El sistema de tutoriales puede ser confuso, dejando al jugador a la deriva en misiones complejas. Requiere paciencia y más de una partida para dominar todos los sistemas.
El uso de teclado y mouse sigue siendo la mejor forma de jugar, incluso en PlayStation 5, donde ambos periféricos cuentan con soporte completo y elevan la experiencia frente al joystick. Con mando, la navegación por menús radiales puede sentirse torpe, y hay leves retrasos del cursor que interrumpen el ritmo. Aun así, el juego ofrece un sistema de guardado amplio y estable, ideal para múltiples campañas.
Un nuevo clásico del género

A pesar de sus tropiezos técnicos y de una curva de aprendizaje exigente, Anno 117: Pax Romana se erige como uno de los city-builders más completos y envolventes de los últimos años. La versión de consola mantiene su grandeza, aunque requiere cierta tolerancia a los fallos y la preferencia por jugar con teclado y mouse si se busca precisión.
Su belleza visual, la profundidad de sus sistemas y la posibilidad de moldear una Roma propia hacen de esta entrega una experiencia fascinante. Cada decisión, cada edificio y cada alianza construyen una historia distinta, una que nos recuerda que, como en el Imperio, todo resplandece hasta que el poder (y la ambición) ponen a prueba sus cimientos.




