Reseña. Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties, ¿era necesario?

Analizamos Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties, remake de la tercera entrega de la saga insignia de Ryu ga Gotoku Studio. 

Yakuza Kiwami 1 y 2 (los remakes de las primeras entregas de la saga Yakuza) tenían una razón de ser muy concreta: la franquicia se había expandido. Luego de los 3 videojuegos lanzados durante la séptima generación (Yakuza 3, 4 y 5), el impacto comercial y cultural de los periplos del Dragon de Dojima nunca volvió a ser el mismo. En este contexto, pretender que los nuevos jugadores que se habían enganchado a la saga a partir de Yakuza 0 (la precuela a toda la franquicia, lanzada en 2015) volvieran a jugar dos videojuegos de PlayStation 2 para entender de lleno una historia que se caracteriza por su multiplicidad de personajes y líneas narrativas era poco realista. 

No obstante, esa lógica se vuelve difusa si pensamos en Yakuza 3. Lanzado originalmente en 2009 para PlayStation 3, fue el videojuego que definió la identidad actual de la franquicia: mapas más amplios, sistemas secundarios más elaborados y una puesta en escena más cinematográfica. La duda que surge entonces no gira en torno a qué necesitaría Kiwami 3 para ser un buen remake, sino que me obliga a plantearme algo mucho más simple: ¿Era necesario?

El pasado siempre vuelve

Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties es un remake de la tercera entrega principal de la saga que, además, incorpora una campaña paralela que profundiza en la historia del principal antagonista del juego, Yoshitaka Mine. Como sucedía en el Yakuza 3 original, la historia acompaña a Kazuma Kiryu mientras atraviesa uno de los tropos característicos de las historias de mafiosos: el intento de salir de la mafia. Luego de ser nombrado Cuarto Presidente del Clan Tojo, Kiryu decide abandonar su cargo y su vida en el barrio de Kamurocho para encargarse del orfanato Morning Glory en Okinawa. De este modo, la historia establece un nuevo equilibrio para el personaje que rápidamente se ve interrumpido cuando el terreno que contiene al orfanato se transforma en un territorio de disputa que lo obliga a volver a involucrarse con su pasado. 

En términos macro, Yakuza 3 es un juego importante para el desarrollo de la saga. Es la entrega que abre las puertas a la pata más emocional de la franquicia y que nos permite ver a Kiryu como un héroe más cercano y vulnerable que efectivamente es incapaz de escapar de un pasado que le fue dado por nacimiento. Mucho de lo que sucede en los juegos posteriores no se entiende sin el arco narrativo de Yakuza 3 y, por eso, cualquier intento de revisitarlo implica volver sobre varios de los acontecimientos que definieron a Kiryu como personaje. 

Cuando el remake reescribe la historia

Para no diseccionar a fondo la trama del juego, voy a intentar explicar mis problemas a partir de un ejemplo concreto: el Morning Glory. Kiwami 3 reduce significativamente el tiempo que pasamos en el orfanato, transformando casi todas las escenas que compartíamos con los huérfanos en el juego original en una especie de sistema Social Link (tipo Persona), que se completa a través de minijuegos opcionales. Es decir, uno puede completar Yakuza Kiwami 3 sin conocer del todo la relación que Kiryu tiene con los muchachos. 

Ahora bien, esta omisión no es el peor de los problemas, porque en un punto uno todavía tiene la opción de atravesar ese arco narrativo. Lo verdaderamente preocupante es que Yakuza Kiwami 3 decide activamente hacer cambios importantes dentro de la narrativa de Yakuza 3, sentando un precedente que me parece gravísimo para el medio. La discusión ya no es solo que un remake disminuya la cantidad de jugadores posibles de un videojuego pasado, sino que ahora también puede descanonizarlo

Adiós Blockuza 3, (no) te echaremos de menos

Más allá de las cuestiones narrativas, el funcionamiento jugable de Kiwami 3 sigue siendo el mismo que el de cualquier Yakuza. Contamos con dos zonas abiertas (Kamurocho y Ryukyu) llenas de tipos dispuestos a recibir golpes, gente bizarra que necesita ayuda y lugares donde comer, comprar o jugar minijuegos. 

El sistema de combate es totalmente continuista con lo visto en los anteriores Kiwami y hace un esfuerzo concreto por dinamizar el problema esencial del Yakuza 3 original, los bloqueos (en el original esto era tan molesto que se ganó el apodo de “Blockuza 3”). Para ello, el videojuego introduce dos estilos de combate: Kiwami, el estilo tradicional de Kazuma Kiryu; y uno nuevo llamado Ryukyu que, muy al estilo “Lobo de Mar” (Like a Dragon: Pirate Yakuza in Hawaii), introduce diferentes armas que son perfectas para controlar grupos de enemigos y reemplaza el botón de agarre por un ataque para romper bloqueos. 

Este segundo sistema se introduce a partir de una locación totalmente nueva, el bar Chura, un local que vendría a reemplazar a los maestros de la entrega original y donde podemos pasar exámenes para mejorar las habilidades de Kiryu y desbloquear nuevos movimientos. Asimismo, el Chura también está anclado a las peleas de bandas, un modo similar a las islas del tesoro de Pirate Yakuza in Hawaii, donde tendremos que reclutar personajes por la calle, asignarlos a escuadrones y lanzarlos a combates masivos. 

Dark Ties tiene gusto a poco

Como indica el título, la otra gran novedad de Kiwami 3 es Dark Ties, una nueva campaña paralela a la historia principal que puede jugarse de manera independiente y que está protagonizada por Yoshitaka Mine, el antagonista de la historia principal. En líneas generales se trata de una expansión de los flashbacks que formaban parte de la historia principal de Yakuza 3 y nos permite profundizar en cosas como qué lo llevó a unirse a la Yakuza, su rápido ascenso en el Clan Tojo y su relación con Daigo Dojima. A decir verdad, es un contenido corto que puede completarse en poco más de cuatro horas y que no tiene mucho que ofrecer más allá de lo narrativo y algún que otro minijuego exclusivo. 

¿Qué ganamos? ¿Qué perdemos?

Yakuza Kiwami 3 se ve bien, algo bastante razonable teniendo en cuenta que se trata de un remake. Está a la altura de los últimos juegos de Ryu ga Gotoku y la nueva paleta de colores, presente en Okinawa, hace sentir el cambio al sur de Japón. Sin embargo, lo que me interesa remarcar del apartado gráfico de Kiwami 3 es que todas las caras de los personajes han sido hechas de cero y, en el proceso, se han reemplazado las caras de algunos actores.

En este sentido, encuentro dos casos problemáticos. El primero es el de Rikiya Shimabukuro, quizás mi personaje preferido del juego original. Kiwami 3 cambia su aspecto por el de un nuevo actor (Sho Kasamatsu) y, en el proceso, cambia por completo al personaje. Desde luego, esta es una crítica totalmente subjetiva, porque no es que el nuevo actor haga un mal trabajo, pero la esencia original del personaje se diluye. Riki era un personaje que se salía del molde del yakuza, un tipo más bajado a tierra que te hacía empatizar. Y ahora… es un flaco bastante más genérico. 

No obstante, lo que no es una opinión subjetiva es lo injustificable de la aparición del actor Teruyuki Kagawa (que admitió haber abusado sexualmente de una mujer en 2022) como Goh Hamazaki. Teniendo en cuenta que RGG Studio ya había cambiado el aspecto y la voz de un personaje a contrarreloj en Judgment después de que su actor fuera detenido por posesión de drogas, es inentendible la decisión de sostener al actor luego de toda la polémica que generó el primer tráiler del remake. 

¿Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties era necesario?

Habiendo jugado todos los juegos de la saga Like a Dragon, diría que no. Ryu ga Gotoku se impuso la difícil tarea de actualizar uno de los juegos más emblemáticos de su franquicia estrella, pero, en el afán de mejorar el ritmo de su narrativa, terminó diluyendo momentos fundamentales, alterando la identidad de ciertos personajes y reinterpretando (para mal) una historia que ya funcionaba. Es muy probable que cualquiera que lo juegue por primera vez y no tenga un punto previo de comparación lo disfrute, pero yo me sigo quedando con la historia que me contaron en 2009. 

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