Ghost of Yōtei nos sumerge en un viaje brutal y hermoso de venganza, rediseñando el género de mundo abierto y consolidándose como uno de los mejores lanzamientos de PlayStation 5 hasta la fecha.
La secuela de Ghost of Tsushima no solo apuesta fuerte con un nuevo escenario y protagonista, sino que entrega una experiencia que supera a su predecesor en cada aspecto, elevando la vara para los juegos de acción y aventura en mundo abierto.
Un Japón devastado y lleno de matices
Ghost of Yōtei nos traslada al año 1603, en el inicio del período Edo, en la isla de Ezo (lo que hoy conocemos como Hokkaido). Acá, la rígida jerarquía social japonesa se convierte en el telón de fondo perfecto para la historia de Atsu. La protagonista es una joven marcada por la tragedia: vio a su familia asesinada por los Yōtei Six, un grupo de poderosos ronin y samuráis liderados por el despiadado Lord Saito. De chica fue dejada por muerta, atada a un árbol en llamas. Dieciséis años después, Atsu regresa endurecida y dispuesta a todo para cobrarse venganza.
Pero la trama va mucho más allá de la típica búsqueda de revancha. La estructura narrativa alterna entre el presente y flashbacks de la infancia de Atsu, permitiendo que comprendamos su evolución y las motivaciones profundas que la empujan. Cada miembro de los Yōtei Six, además, no se expone como un mero objetivo. Son personajes con historias y dilemas morales propios, que desafían la visión de Atsu sobre el bien, el mal y la legitimidad de su cruzada.
El tono del juego es crudo y emocional, con momentos de amor, pérdida y traición. El dilema moral de la protagonista –si dos males realmente hacen un bien, y hasta dónde está dispuesta a llegar para encontrar paz– nos interpela a lo largo de toda la aventura. La interpretación de Erika Ishii como Atsu es clave para que este viaje nos impacte, transmitiendo cada matiz de dureza, duda y rabia de su personaje.
Un mundo abierto que se siente vivo
Si algo aprendimos de Ghost of Tsushima, es que Sucker Punch sabe cómo construir mundos hermosos. Pero Ghost of Yōtei lleva todo a otro nivel. La isla de Ezo es sencillamente deslumbrante: desde los campos esmeralda y los valles bañados por el sol, hasta las colinas nevadas y los bosques teñidos de rojo. No hay rincón que no haya sido pensado al detalle; cada hoja, cada flor, cada animal refuerza la inmersión y el deseo de explorar.
Lo más impresionante es cómo se aprovecha esta belleza para fomentar la curiosidad. Explorar Ezo es un placer en sí mismo, y siempre hay algo nuevo y significativo para descubrir. El mundo está plagado de actividades y eventos, pero sin caer en el tedio o la repetición típica de muchos mundos abiertos. Acá, incluso los objetivos más simples (como los clásicos bamboo strikes) tienen impacto real en el desarrollo de Atsu, ya que las mejoras y habilidades se obtienen a través de la exploración y el descubrimiento, y no solo acumulando puntos de experiencia.
El diseño del mapa evita saturarnos de íconos y tareas banales. Muchas veces, son la naturaleza y los detalles visuales los que nos guían: bandadas de pájaros, ráfagas de viento, el rumor de un río o el destello de un santuario a lo lejos. La sensación es de un mundo orgánico, donde cada paso puede llevarnos a una pequeña historia, un encuentro inesperado o un desafío único.
Una danza violenta y estilizada

El combate de Ghost of Yōtei es de lo mejor que hemos experimentado en un juego de samuráis. Ya no existen estilos de combate como en Tsushima, sino que ahora desbloqueamos y dominamos armas específicas: desde la katana simple hasta las duales, odachi, yari, kusarigama y arcos, cada una con su propio sistema de aprendizaje y ventajas frente a ciertos enemigos.
El sistema fomenta que usemos todo el arsenal de Atsu, ya que cada arma es más efectiva ante determinados rivales. Las peleas son un ballet brutal, llenas de esquives, parries y ataques precisos. Hay una variedad de ataques telegráficos (azules para parar, rojos para esquivar y ahora también amarillos que exigen un ataque cargado para contrarrestar). La sensación de impacto es visceral: miembros que vuelan, gritos de enemigos, animaciones impresionantes y una crudeza que nunca se vuelve gratuita, pero sí impactante.
La dificultad está muy bien balanceada: los enemigos comunes caen rápido si sabemos qué hacer, pero los jefes (incluyendo miembros de los Yōtei Six y ciertos objetivos de caza) nos ponen a prueba sin resultar injustos. Las herramientas auxiliares –como bombas de humo, kunai y hasta el arco– permiten adaptar la estrategia y mantener la variedad en cada encuentro.
Además, Ghost of Yōtei introduce un lobo aliado que podemos ganarnos y que se convierte en un recurso clave, sobre todo en enfrentamientos multitudinarios y en las dificultades más altas.
Exploración y actividades
Más allá de la historia principal, el juego está repleto de actividades secundarias que no se sienten como relleno. Los santuarios ofrecen desafíos de escalada y plataformas, los bounties tienen pequeñas historias y diálogos propios, y hay eventos aleatorios que surgen en la travesía, como ayudar a un carpintero a recuperar juguetes robados o intervenir en un parto bajo ataque enemigo. Todo esto suma a la sensación de mundo vivo y espontáneo.
La exploración se ve potenciada por el uso creativo del DualSense. Desde cocinar en una fogata, pintar o tocar el shamisen, hasta escribir kanji en el touchpad o forjar armas, las funciones del control nunca resultan invasivas ni forzadas, sino que refuerzan la conexión con Atsu y su entorno.
El mapa cuenta con un cartógrafo que vende ubicaciones de puntos de interés, aunque esto puede restar un poco de la magia de dejarse llevar por la naturaleza y el instinto. Sin embargo, la integración de animales y el propio diseño del paisaje siguen siendo los principales guías para descubrir secretos y mejoras.
Un nuevo referente para los mundos abiertos
Ghost of Yōtei no solo supera a Ghost of Tsushima en todos los apartados, sino que redefine lo que esperamos de un juego de mundo abierto. Es una experiencia envolvente, desafiante y conmovedora, de esas que te dejan pensando incluso cuando apagás la consola. Un imprescindible de PlayStation 5.




