Reseña. Marathon es un coloso adictivo que te exige demasiado

Bungie firmó un extraction shooter de elite con un gunplay insuperable y un diseño de audio que es pura inteligencia, pero la curva de dificultad inicial es un muro que va a separar a los obsesivos de los curiosos.

Pocos anuncios generaron tanto escepticismo como el regreso de Marathon. Bungie arrastraba tropiezos con juegos como servicio, y el fantasma del fallido Concord sobrevolaba cada nueva propuesta. Encima, la saga original de los noventa era un mito de culto: resucitarla como extraction shooter PvPvE sonaba a receta explosiva.

Después de meterle decenas de horas, nos encontramos con un juego que calla bocas y se planta entre lo mejor del género. Pero el viaje hasta esa revelación es todo menos amable. Marathon no te pide permiso para castigarte: sus primeras horas son un muro contra el que te vas a estrellar una y otra vez. Si lográs atravesarlo, te espera una experiencia tan brutal como gratificante.

Un lienzo cyberpunk que encandila

Apenas pisás los escenarios de Tau Ceti IV, la dirección artística te golpea. Pocas veces vimos un multijugador con una identidad visual tan marcada. La paleta CMYK tiñe cada pasillo brutalista con un resplandor que mezcla lo retrofuturista y lo onírico.

Bordes redondeados, iluminación suave y efectos climáticos crean una atmósfera que no depende del hiperrealismo. Los materiales reaccionan a la luz con credibilidad y cada mapa tiene una personalidad que lo distingue al instante.

Pero no todo es perfecto en el plano visual. Varios escenarios iniciales adolecen de una geometría traicionera. El personaje se atasca en salientes inofensivas y el sistema de escalada falla con frecuencia irritante, justo cuando un resbalón significa perder todo el equipo.

El sonido como brújula y advertencia

El golpe maestro está en los auriculares. El audio es magistral: cada arma tiene una firma tan distintiva que identificás lo que pasa a tres salas. Los pasos de un Corredor humano suenan radicalmente distintos a las pisadas metálicas de los robots de la UESC.

Los conductos de ventilación emiten un traqueteo ensordecedor que te obliga a pensarlo dos veces antes de usarlos como ruta de escape. La información que transmite el sonido es tan precisa que termina funcionando como una mecánica en sí misma. Escuchás gritos de IA enemiga detectando a otro jugador y el eco de una extracción cercana te acelera el pulso.

Disparos que se graban en la memoria

Esa inteligencia sonora se potencia con un gunplay que demuestra por qué Bungie sigue siendo el referente indiscutible. El retroceso, la cadencia y la contundencia del impacto están calibrados con una precisión obsesiva. Disparar es un placer táctil que no decae ni después de cien horas.

Esa base se expande con los siete Shells intercambiables. El Destroyer es pura agresión frontal; el Triage te convierte en apoyo curativo indispensable; el Thief premia el sigilo y la rapacidad. Cambiar de Shell entre rondas fomenta una experimentación sin ataduras y le da a cada escuadra una flexibilidad táctica enorme.

El bucle clásico del extraction shooter está ajustado con maestría: el tiempo para matar es bajo, lo que premia la cautela y la coordinación en equipo. Perder todo el loot al morir instala una tensión constante —y conviene tener claro qué se pierde y cómo conservar tu equipamiento— que, cuando lográs extraer, se transforma en un subidón adictivo. Ese «una partida más y corto» es la frase más mentirosa que vas a repetir a las tres de la mañana.

El muro de las primeras horas

Toda esa adicción se paga con una entrada hostil. La curva de dificultad es un paredón vertical donde quien dispara primero suele ganar. Los enemigos de la UESC son esponjas de balas que te flanquean sin piedad.

La gestión de la barra de resistencia y del medidor de calor convierte cada enfrentamiento en un rompecabezas de supervivencia. Curarse es lento, te deja expuesto —por eso ayuda saber dónde encontrar los Medical Cabinets y farmear curaciones rápido— y el daño por caída castiga incluso en desniveles inofensivos.

Los dos primeros mapas, Perimeter y Dire Marsh, son visualmente hermosos pero se sienten acartonados y llenos de espacios vacíos. La experiencia ahí puede ser tan frustrante que entendemos por qué más de un jugador casual va a salir corriendo. La UI, además, suma roces con menús que exigen demasiada familiarización antes de volverse funcionales.

Cryo Archive, la joya del fin de semana

La recompensa para quienes insisten llega con Cryo Archive, el mapa de fin de semana que pide una entrada mínima de 5.000 créditos. Acá Bungie saca a relucir su maestría heredada de las raids de Destiny. El escenario incorpora puzles, jefes cooperativos y una presión PvP constante que exige comunicación perfecta y roles bien definidos, donde saber qué guardar y qué dropear en cada raid marca la diferencia entre salir rico o con las manos vacías.

En escuadra, alcanza su mejor versión; en soledad, se siente una idea secundaria. Cada tiroteo donde un error te manda de vuelta al lobby sin nada construye una tensión que no encontramos en ningún otro extraction shooter.

¿Para quién corre el Corredor?

Marathon no es para cualquiera, y está bien que así sea. Te exige entrega, paciencia y una tolerancia a la frustración que no todo el mundo tiene. Si sos de los que disfrutan el aprendizaje a los golpes y encontrás placer en la tensión de un tiroteo que podés perder en un segundo, probablemente te reciba con los brazos abiertos.

Si en cambio buscás una experiencia más accesible, hay otras opciones en el género que te van a tratar con más cariño. Bungie parió un extraction shooter de primerísimo nivel. El gunplay es insuperable, el diseño de audio te cambia la manera de jugar y la dirección artística es de las más originales que vas a ver en años.

Las asperezas están ahí —la geometría traicionera, la UI confusa, los mapas iniciales desparejos y una curva de dificultad que se va de las manos—, pero cuando Marathon funciona, alcanza una cumbre que muy pocos logran rozar.

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