Tunic Review – Un sólido regreso a las bases

Tunic-Review

Review de Tunic (Xbox One, Xbox Series X|S, PC), videojuego de acción y aventura desarrollado por TUNIC Team.


En una época repleta de remakes y remasters que apuntan a la nostalgia de los jugadores, no es tan extraño encontrarse con experiencias que tomen los elementos fundacionales de obras que han sido un éxito en el pasado y los pongan en juego con ideas más propias de la industria de hoy en día. Eso es precisamente lo que hace Tunic, un título que no duda en tomar la estructura de los primeros Zelda (sí, los de la NES) y retrucarla con ideas mecánicas que lo llevan a estar muy por encima de la mera nostalgia.

Un nuevo viaje del héroe


Es interesante afirmar que, al comenzar Tunic, la información con la que contamos es nula. Estamos en control de un zorrito que se despierta totalmente solo y, desde ese mismo momento, ya sabemos cuál es el eje mecánico de la experiencia: el descubrimiento. El juego toma la estructura antiquísima (de más de 20 años) del primer Zelda para construir un mundo totalmente nuevo que, con su lore correspondiente, tiene una profundidad francamente envidiable.

Ahora bien, esta decisión de “dejarnos solos ante la nada” no es azarosa ni poco premeditada. El título entiende que la mayoría de los jugadores pasaron alguna vez por The Legend of Zelda (o algún juego similar) y por eso se permite trazar un comienzo sin demasiadas indicaciones, porque supone que sabemos cuáles son las reglas básicas del mundo que presenta y cómo tenemos que interactuar con él.

Desde luego, a medida que vayamos descubriendo nuevas partes del mapa y desbloqueando nuevas páginas del “manual” de información (para mí, uno de los mayores aciertos de la obra), la experiencia irá adquiriendo nuevas capas de profundidad que nos van a obligar a adecuarnos a reglas de juego diferentes para seguir avanzando.

La resistencia: el giro fundamental del sistema de combate


Como no podía ser de otra forma en un juego de acción y aventura, avanzar en Tunic implica enfrentarse a diferentes tipos de enemigos que van desde babosas inofensivas (que recuerdan a los “limo” de Dragon Quest)hasta jefes gigantes que pondrán a prueba la habilidad del jugador. Para dichos enfrentamientos, el título presenta un sistema de combate en tercera persona que, a partir de la vista isométrica de la obra, pone en juego 3 barras diferentes: una de salud, una de resistencia y una de magia.

Si bien es cierto que es fácil predecir para qué sirven la barra de salud y la de magia, el título propone un giro interesante para el concepto que solemos tener de las barras de resistencia. No solamente hace falta para atacar, esquivar o bloquear, sino que, al vaciarse, nos impone penalizaciones (como recibir más daño por golpe o ciertas dificultades en el movimiento). Esta cuestión afecta en gran medida al ritmo de los combates, sobre todo con los jefes, ya que nos obliga a pensar cuidadosamente cada ataque y evita que nos mandemos como locos en cada oportunidad.

Una experiencia muy pulida


Hay que decirlo, el hecho de que Tunic tenga referencias tan explícitas hace que se sienta como algo que ya probaste alguna vez en tu vida, pero no en un mal sentido. Para los amantes del género roguelike, es como si se tratara de un spin-off de un universo que te gusta muchísimo y que querés seguir descubriendo. Es una obra sumamente pulida en prácticamente todos sus apartados (gráficos, combate, variedad de enemigos, diseño artístico, música) que, gracias a su propuesta de descubrimiento constante, consigue algo sumamente complejo y meritorio: sentirse inabarcable.


Tunic ya está disponible en Xbox One, Xbox Series X|S y PC. Encontrarás más guías e información sobre el videojuego en nuestra cobertura.


Joaquin Gamba
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