Reseña. Lost Soul Aside no es tropezón, sino caída

Lost Soul Aside deslumbra con su combate ágil y vistoso, pero tropieza en todo lo que rodea la acción, dejándonos la sensación de un RPG que no logra cumplir con el hype que generó durante casi una década de desarrollo.


Lost Soul Aside es un action RPG que, tras años de expectativa y desarrollo accidentado, finalmente llegó a PlayStation 5 y PC. El título, nacido como proyecto personal de Yang Bing y luego apadrinado por Sony a través del China Hero Project, promete espectacularidad visual, combates frenéticos y un mundo plagado de referencias a grandes exponentes del género. Sin embargo, detrás de su fachada estilosa, la experiencia está lejos de ser redonda.

El peso de las expectativas y una historia que no conecta


Desde el vamos, Lost Soul Aside carga con la mochila del hype: se presentó como un proyecto inspirado en Final Fantasy XV, y su protagonista Kaser –con su look de héroe moderno, melena negra y ropa a medida– parece salido de una pasarela JRPG. Pero toda esa anticipación termina jugando en contra. La historia, aunque presenta una premisa de rebelión y fantasía interesante, se desinfla rápidamente por su falta de originalidad y una narración atropellada.

El juego arranca con la resistencia GLIMMER, a la que pertenecen Kaser y su hermana Louisa, intentando derrocar al Imperio Celestria. Tras un ataque fallido durante un desfile y la irrupción de criaturas interdimensionales llamadas Voidrax, Kaser obtiene poderes de un dragón misterioso y se embarca en una búsqueda para salvar a su hermana, cuya alma es robada por uno de estos monstruos.

Hasta ahí, la trama podría prometer, pero enseguida pierde fuerza. La narrativa es predecible, lineal y, lo que es peor, incapaz de generar empatía o interés. Las escenas se suceden con transiciones abruptas hasta el punto de hacer dudar si uno saltó accidentalmente un segmento. Los personajes, incluido el propio Kaser, no tienen desarrollo y sus diálogos suelen ser insulsos o repetitivos. Las interacciones más memorables, como los intercambios entre Kaser y el dragón Arena, apenas logran levantar el ánimo entre tanta secuencia olvidable.

Si bien el prólogo amaga con ofrecer algo novedoso, el resto de la historia se siente apurada, mal presentada y completamente desprovista de sustancia. A esto se suman problemas de localización, expresiones faciales inexistentes y animaciones recicladas, que terminan profundizando la desconexión emocional con lo que sucede en pantalla.

Cuando el combate brilla, pero el resto no acompaña


Si hay un apartado donde Lost Soul Aside verdaderamente se luce, es en la acción. El sistema de combate es rápido, vistoso y, sobre todo, versátil. Desde el principio, la sensación al encadenar combos, esquivar y cambiar de armas al vuelo es gratificante. A medida que avanzás, desbloqueás hasta cuatro armas, cada una con su propio estilo y movimientos, y la posibilidad de alternarlas dinámicamente durante las peleas agrega una capa táctica que invita a experimentar.

El loop jugable es el de cualquier action RPG tradicional: avanzar por escenarios lineales, derrotar oleadas de enemigos, enfrentar elites y culminar cada tramo con un jefe. Si bien la estructura puede volverse repetitiva, la variedad de armas, las habilidades de Arena (el dragón que acompaña a Kaser) y las posibilidades de personalización mediante accesorios y elementos agregan profundidad.

No existe un sistema de niveles clásico; en cambio, ganás experiencia que se traduce en puntos de habilidad para desbloquear nuevos movimientos en cada arma. Eso sí, no hay opción de reconfigurar puntos, así que conviene diversificar desde el principio si querés mantener el combate fresco.

El sistema de elementos también suma algo de estrategia: equipar armas con propiedades de fuego, hielo o rayo puede facilitar mucho algunos enfrentamientos, especialmente contra jefes o enemigos resistentes a cierto tipo de daño.

Jefes que se roban el show (y la paciencia)


Sin dudas, los jefes son el segundo plato fuerte. Cada encuentro con estos enemigos propone un desafío único, varias fases y mecánicas que obligan a poner en práctica lo aprendido, desde esquivas perfectas hasta el uso inteligente del entorno. La satisfacción de vencerlos, sobre todo en las dificultades más altas o en el Boss Rush post-juego, es genuina y recompensa la dedicación.

No obstante, no todos los jefes mantienen el mismo nivel de inspiración. Algunos pueden resolverse con estrategias simples y otros abusan de fases inmunes al daño, lo que corta el ritmo y puede volver tedioso el tramo final del juego.

Plataformeo, puzzles y exploración: lo menos inspirado


Entre pelea y pelea, Lost Soul Aside intenta variar la propuesta con segmentos de plataformas, puzzles y exploración. Lamentablemente, estos apartados son extremadamente básicos y poco gratificantes. El juego es agresivamente lineal y rara vez recompensa la curiosidad del jugador, salvo contadas ocasiones donde encontrás algún accesorio o material de fabricación. La mayoría de los cofres otorgan pociones, dinero o materiales repetidos, haciendo que desviarse del camino principal no valga la pena.

El plataformeo, en particular, termina siendo más un castigo que un respiro. Las secciones de salto son abundantes y, tras varias horas, se tornan monótonas y frustrantes, sobre todo cuando los controles no responden con la precisión esperada.

Luces y sombras en lo visual y sonoro


Visualmente, Lost Soul Aside tiene momentos que llaman la atención, especialmente en el diseño de personajes y vestuarios. Sin embargo, la calidad gráfica es irregular: algunos escenarios y modelados parecen de generaciones anteriores, mientras que otros lucen modernos y detallados. Esta disparidad probablemente sea reflejo de su larguísimo desarrollo.

En PlayStation 5, el rendimiento es mayormente estable en Modo Rendimiento, aunque se registran caídas de framerate durante los auto-guardados y stuttering ocasional en la ciudad.

Las cinemáticas tienen destellos de espectacularidad, sobre todo al finalizar jefes, pero en general sufren de la misma rigidez que el resto de la narrativa. La música, por su parte, es otro de los puntos altos: mezcla coros épicos y guitarras eléctricas para crear atmósferas que acompañan bien la acción, especialmente en los combates contra jefes. Lamentablemente, la implementación es desprolija, con cortes abruptos de la música en las transiciones que rompen la inmersión.

El sonido, en líneas generales, decepciona: los efectos de las armas carecen de fuerza y los impactos no transmiten el peso esperado. La actuación de voces es irregular, con algunos personajes que cumplen y otros que parecen improvisados, siendo Arena el más destacado por su tono sarcástico y memorable.


Al cerrar la aventura, la sensación es agridulce: el combate de Lost Soul Aside cumple y puede llegar a brillar para quienes buscan acción estilo hack and slash, pero todo lo demás se queda corto y da la impresión de un proyecto inconcluso, que necesitaba más tiempo y cariño en sus detalles. La historia no logra enganchar, la exploración es olvidable y los problemas de presentación lastran la experiencia general.

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