Reseña. Doom: The Dark Ages no es eterno, y está bien

DOOM: The Dark Ages demuestra que la franquicia está más viva que nunca, reinventando su brutalidad clásica con mecánicas renovadas.


Después de más de 30 años de historia, DOOM es mucho más que una saga: es una institución del gaming. Con DOOM: The Dark Ages, id Software no se duerme en los laureles y va por más, entregando una experiencia que redefine el ADN de la serie mientras rinde homenaje a sus raíces.

Un viaje medieval a pura acción desenfrenada


En esta entrega, la acción se traslada a los tiempos oscuros de Argent D’Nur, cuando las hordas demoníacas intentan apoderarse de un artefacto que podría volcar la balanza a favor del infierno. Nos ponemos en el pellejo del Doom Slayer, una vez más, pero esta vez con una impronta medieval que marca la diferencia no solo en la ambientación, sino también en las armas, la armadura y el diseño de niveles.

La narrativa tiene más peso que en entregas anteriores, gracias a cutscenes concisas y bien producidas que aparecen al principio y al final de cada nivel. Si bien algunos detalles de la historia pueden pasar desapercibidos, el eje es directo: el infierno quiere conquistar todo y hay que frenarlos a pura violencia. Por suerte, las mejores secuencias se viven jugando y no mirando, y el juego permite saltear las cinemáticas para volver cuanto antes a la acción.

Combate renovado: el placer de contraatacar y romper todo


En la imagen se observa una escena épica llena de acción y brutalidad, donde un imponente demonio se aproxima amenazante en medio de un paisaje devastado, con cielos nublados y estructuras destruidas al fondo. La atmósfera es oscura y opresiva, típica de los videojuegos de acción y terror como 'Doom The Dark Ages'. En primer plano, se puede apreciar una poderosa arma que apunta hacia el monstruo, en medio de chispas y fragmentos volando que intensifican la sensación de caos y peligro. Esta representación visual refleja perfectamente el espíritu de combates intensos y escenarios post-apocalípticos característicos de juegos como 'Doom The Dark Ages', engrandeciendo la experiencia inmersiva del jugador.

Acá no se trata de una simple lavada de cara sobre DOOM Eternal: las mecánicas han sido repensadas para crear una experiencia completamente nueva y adictiva. El combate mantiene la velocidad y adrenalina de siempre, pero ahora la movilidad es más terrenal, con el Slayer bien plantado en el piso, como un tanque preparado para embestir al infierno mismo.

La gran estrella es el Shield Saw, un escudo que no solo sirve para cubrirse, sino que se convierte en un arma letal y multifacética. Podés cargar contra enemigos, parryear proyectiles y hasta lanzarlo como si fueras una versión brutal de Capitán América, cortando hordas de demonios o aturdiendo a los más grandotes para después llenarlos de plomo o dejarlos para el final.

El juego también introduce tres armas cuerpo a cuerpo, cada una con su propio impacto y combos devastadores. El puño y el flail (mazo) le dan un nuevo sentido al combate cercano, y a medida que avanzás podés mejorar el equipamiento para extender combos y hacer más daño. Cada enfrentamiento es una danza violenta entre parrys, disparos y combos, y cuando todo hace clic, la sensación de poder es inigualable.

Estrategia y libertad: cada arma tiene su momento


A diferencia de títulos previos, DOOM: The Dark Ages te da libertad para encarar cada combate como prefieras. Si querés, podés terminar el juego usando una sola arma, pero el arsenal es tan variado y divertido que vas a querer probar todo. Las armas clásicas como la Super Shotgun vuelven, pero hay nuevas opciones y cada una se siente distinta, con posibilidades estratégicas que se lucen en las dificultades más altas.

El sistema de progresión se apoya en runas y mejoras que encontrás en los niveles, y la personalización de la dificultad va mucho más allá de elegir entre fácil, normal o difícil. Podés ajustar la agresividad de los enemigos, la velocidad de los proyectiles y otros aspectos para adaptar la experiencia a tu gusto. Esto, sumado a la simpleza y fluidez de los controles, hace que el foco esté siempre en el frenesí del combate y no en aprender combinaciones complicadas.

Niveles gigantes, exploración y variedad jugable


En la imagen se aprecia una imponente criatura con alas extendidas, emitiendo un resplandor intenso mientras chispas y destellos rojos iluminan el ambiente oscuro. El diseño de este monstruo, que destaca por sus colores vibrantes y detalles mecánicos, recuerda la estética épica de batallas fantásticas que suelen encontrarse en juegos como "Doom The Dark Ages". Este videojuego es conocido por su increíble ambientación medieval fusionada con tecnología avanzada, exactamente como la escena deslumbrante que se nos presenta aquí, donde elementos orgánicos y metálicos se combinan para crear un ser de apariencia formidable y poderosa, frente a un escenario que parece arder con energía sobrenatural.

Con una campaña de 22 niveles, esta es la entrega más grande de la saga. Los mapas combinan caminos lineales con áreas abiertas llenas de secretos, coleccionables y desafíos opcionales. Si sos de los que disfrutan explorando cada rincón, vas a encontrar tesoros, lore y las clásicas figuras de acción que ya son un sello de los últimos DOOM.

Pero no todo es correr y disparar: el juego introduce niveles donde piloteás un Atlan (mecha gigante) o volás sobre un dragón armado hasta los dientes. Estas secciones funcionan como respiros entre tanto caos, y aunque no tienen la profundidad del combate tradicional, suman variedad sin volverse repetitivas ni robar protagonismo a la experiencia principal.

La cantidad de enemigos en pantalla puede ser abrumadora al principio, pero una vez que le agarrás la mano a las armas y sus mejoras, pasar de sobreviviente a máquina de destruir demonios es una de las sensaciones más satisfactorias que ofrece el juego.

Visuales impactantes y sonido potente (con algún pero)


El salto técnico se nota: DOOM: The Dark Ages luce increíble gracias al nuevo motor id Tech 8, con escenarios detallados, animaciones fluidas y un diseño artístico que refuerza la atmósfera oscura y medieval. Incluso bajando los gráficos para ganar rendimiento, el juego mantiene una calidad visual impresionante.

Sin embargo, en PC la optimización no es perfecta. Con una placa de video de gama media, notamos caídas de cuadros en los momentos más intensos, y aunque el arte ayuda a disimularlo, esperamos que futuras actualizaciones mejoren este aspecto. La experiencia general es muy pulida, pero hay margen para optimizar el rendimiento en equipos que no sean de última generación.

En cuanto al audio, el diseño de sonido es demoledor y cada acción se siente brutal, pero la banda sonora no llega a ser tan memorable como en entregas anteriores. Hay temas que acompañan bien la acción, aunque ninguno se queda grabado en la cabeza.

Una bestialidad que no podés dejar pasar


La imagen presenta una escena épica y cargada de acción, donde un guerrero armado con una espada y un escudo, vestido con una armadura robusta, está rodeado por un ejército infernal de demonios de distintas formas y tamaños. Sus enemigos, con piel grotesca y expresiones amenazadoras, se abalanzan sobre él desde todas direcciones. La atmósfera está envuelta en tonos cálidos y oscuros, con llamas y efectos visuales que resaltan la intensidad del combate. Esta escena podría ser fácilmente parte del universo de "Doom The Dark Ages", capturando la esencia brutal y llena de adrenalina que caracteriza al videojuego. La composición dinámica y el detalle gráfico evocan la lucha desesperada y heroica que se experimenta en este título, convirtiéndose en una imagen icónica del género.

DOOM: The Dark Ages es una obra maestra de ritmo y brutalidad. El arsenal se siente más satisfactorio que nunca, y la mezcla de novedades y homenajes hace que la experiencia nunca se vuelva monótona. Si bien hay pequeños detalles a mejorar, especialmente en el rendimiento y la música, el resultado es un juego que no podés dejar pasar si te gustan los shooters cargados de acción.

Escrito por

Director de Solo Jugadores. Hablo mucho, ¿digo poco? Tomo café, luego existo.

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