Llega un mensaje bien temprano de la culpable de esta publicación matutina. Dice “uh, me parece que fue demasiado para primera recomendación”. Si supiera, ¿no?
Hoy vi Jibaro, uno de los capítulos de la última temporada de Love, Death & Robots. Recomendación de una persona que estoy conociendo (si estás leyendo esto, te adoro).
Son las nueve de la mañana y estoy extasiado. Así arranco el día. Extasiado.
Cantos de un bosque

Jibaro es una fábula sobre un caballero sordo que ignora lo que atrae y una sirena seductora que busca aquello que la ignora. Seh, eso mismo que pensás. El amor en su ferviente romanticismo, ese que te penetra hasta el pecho y revienta en ansiedades. Adictivo, peligroso, pero amor, al fin y al cabo.
Mirar Jibaro fue parte de una cita fugaz a distancia, de esas que surgen por las ganas de conocer a alguien que, por suerte, tiene buen gusto. Me freno ahí. La noche me robó unos 40 minutos que arrancaron con El yogur que conquistó el mundo y Buena cacería y siguió con Noche de pesca. Excelentes. Pero todavía hay un bosque cubierto de hojas.
Vila Sei Gora, A Forest Burst Out Into Leaves de Ensemble Pirin reproduce coros que menean la vegetación de un frondoso bosque en medio de la nada. Y en el medio de esa nada, hay un lago, una sirena. Todo, repito, todo, dibujado a mano: rayones, borrones, colores desprolijos que en un todo alcanzan la armonía; un constraste de tonos vibrantes y grises cada vez más oscuros. Un hermoso armado de figura y fondo: él y ella. Perdidos en ese bosque cubierto de hojas. “Están en una”.
Silencios ruidosos

Pero, claro, la cosa no queda en “lo lindo, lo impactante, lo poderoso” de la estética. En este capítulo no hay una sola línea de diálogo: él es silencio, ella es ruido, y se cruzan pasionalmente en una comunicación que busca, en vano, un punto medio.
Somos obsesivos.
Culmina con 17 minutos de un relato sobre el deseo desmedido y la pasión incontrolable; una tragedia romántica con más de un pico de tensión, tan fantástica como incómodamente cercana.
