Disco Elysium y Fragmentos de un discurso amoroso, dos obras para entender el ansioso proceso de espera.
¿Estás enamorado? Preguntate si estás esperando. ¿Esperando qué? ¿acaso se espera una persona o el gesto de una persona? ¿se espera un gesto o los recuerdos cada vez más crispados por el tiempo?
En el capítulo La espera del libro Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes decía que el enamoramiento se podía determinar, entre varias cosas, por el estado de espera. “¿Estoy enamorado? Sí, porque espero” afirmaba.
Con una mirada filosófica, el escritor menciona: “espero una llegada, una reprocidad, un signo prometido”. El signo (es decir, un mensaje, un llamado, un beso o una desaparición) se espera como una promesa sin la necesidad de un consenso. Y allí es donde nace la catástrofe de esa espera, que asume ahora una crítica por parte del autor. “No espero más que una llamada telefónica” dice. “Todo es solemne, no tengo sentido de las proporciones”.
Tu voz es tan hermosa
En videojuegos, uno de los títulos que mejor retratan la punzante espera de una reprocidad es Disco Elysium. El protagonista, Harry Du Bois, se separó hace años de su ex-esposa, Dora Ingerlund, y no puede superar lo que para él fue el amor de su vida (o un recuerdo cruzado en un creciente estado de demencia).
En ocasiones, podemos interactuar con un teléfono público y marcar el número de su ex. Suena, suena, suena, suena. Después de varios intentos, “el océano se rompe” y “desde las profundidades, emerge la voz de una mujer. Es lo más bello que escuchaste en tu vida”, según retrata la secuencia.
Alguien atiende.
“Hola” dice ella, con un tono adormecido.
“Tu voz es tan hermosa” responde él.
Pero ese llamado nunca existió.
¿Qué espera?
Una majestad oscura y radiante
El estado de espera de Harry Du Bois carcomió sus sentidos. Va más allá de la solemnidad del teléfono que aún no suena e incluso supera las ansiedades de la soledad nocturna. La espera en Disco Elysium es una incógnita. ¿Por qué espera a Dora? ¿y qué espera de ella? Mientras intentamos reconstruir sus memorias, el protagonista nos da una pista de quién es, al menos desde su mirada.
Lo hace arrodillado frente a Dolores Dei, una hermosa diosa que se erige en un mural de vidrio colorido, brillante, imponente. “La joven madre del humanismo se alza sobre ti” presenta Disco Elysium a Dolores Dei, una “majestad oscura y radiante”.
La muerte lleva al amor como rostro, la primera muerte es en el corazón
Desde el enamoramiento y la idealización, pasando por el la espera del enamorado y el olvido de aquel que ya no espera nada, el amor recibe una cruda representación en Disco Elysium y se corona con una secuencia en la que, después de un largo tiempo, Harry se encuentra con Dora, personificada como Dolores Dei. Se trata de un sueño en el que la mujer, esbelta y brillante como la imaginaba el protagonista, abraza sus emociones y lo empuja a hacer un duelo. Por ella. Por él.
Dolores expresa que “La muerte lleva al amor como rostro, la primera muerte es en el corazón”.
El enamorado espera volver a amarse.
La fatalidad de una espera
Barthes extiende el capítulo de La espera con aquello que hace el enamorado: “intento ocuparme de otras cosas, de llegar con retraso, pero siempre pierdo” dice. Y es que, claro, la otra persona no espera, sino que es un juego individual en el que uno solo se adelanta sin saber cuándo se acerca el final.
Es la identidad fatal del amor.
La espera es parte de amar.
Espero.

