Solo Jugadores accedió a la conferencia de prensa de Hideo Kojima en BGS como parte de su World Strand Tour. Una radiografía de la mente del legendario director y observaciones inesperadas sobre la temática de sus últimos dos juegos.
Una alerta metereológica interrumpió la pantalla de miles de celulares en medio de una conferencia abierta en Brasil Game Show 2025. Luego de una seguidilla de lluvias, fuertes vientos y descensos de temperatura, el viernes se nos caía el grisáceo cielo encima. Inexplicablemente, al menos para los extranjeros, el sábado amanecimos con un sol intenso, de esos que se asoman cuando un repartidor extermina los CVs de la zona. Curiosamente, era el día en el que Kojima visitaría el multitudinario evento.
La conferencia del creador se realizó bajo el paraguas de su “World Strand Tour”, un hilo de viajes que arrancó en Los Ángeles a mitad de este año y que concluirá el mes próximo en Italia. La promoción del título es inherente, claro está, pero específicamente en su visita por San Pablo, Hideo Kojima, legendario director de videojuegos, expuso un interesante manifiesto sobre la soledad, la conexión y los límites entre lo digital y lo humano.
Escuchando a Hideo Kojima
La pequeña sala reunió a unos 30 medios de distintas partes del mundo. Las dimensiones del lugar fueron lo suficientemente pequeñas como para convertir el encuentro en una escucha íntima, como quien relata una anécdota a un grupo heterogéneo de personas. De esta forma, la organización del evento nos sentó a los periodistas en filas que, brillantemente, nos separaba unos pocos metros del invitado estrella.
Nadie sabe “qué es” realmente Hideo Kojima a través de una pantalla. Creador de mundos de fantasía, de historias de ciencia ficción y de conflictos políticos casi futurólogos; cineasta expandido, escritor intenso y melómano multifacético. Sabemos mucho de él por lo que creó y por lo que vemos, leemos y escuchamos en el océano de Internet. Pero su presencia rompe los moldes de nuestra mente.
La previa a su entrada tuvo algunas fotos rápidas, saludos nerviosos y risas tímidas. Cuando cruzó la puerta, surgieron aplausos (aún más tímidos) seguidos de un silencio que solo rompería la presentadora, él y su simpática traductora.
Se lució con su casi icónico traje de negro, una remera con estampa de Lou colgando de hilos y unas zapatillas blancas con colores chillones que nadie usaría en una presentación de esta índole excepto él mismo. Sus lentes. Sus miradas, también, que recorrieron cada rostro de los pocos periodistas de esa sala hasta causarles escalofríos.
Para romper el hielo, el creador comentó que todos los años recibía invitaciones para venir a la BGS pero que con la pandemia y el desarrollo de la secuela “fue imposible” concretar la visita. El clima, que osciló entre fríos y calores, no fue un problema para él. “Ayer llegué y fui al Beco do Batman, pero empezó a llover fuerte, así que terminamos en una cafetería cerca” dijo. “Tomamos un café y disfrutamos un poco el ambiente” agregó con total tranquilidad.
Nuestro café, a diferencia de Kojima, llegó pocos minutos antes de su conferencia. Necesitábamos estar listos para lo que fuera que saliera de su mente. Al final, nunca lo estuvimos.
Conectar en soledad y evitar perderse para siempre
Kojima comenzó recordando que Death Stranding fue concebido como una historia sobre la soledad en un mundo fragmentado. En la secuela, dijo, el tema se invierte: “Sam ya no está completamente solo. Viaja acompañado de una familia simbólica, pero incluso dentro de una familia uno puede seguir sintiéndose solo” (Omelete).
El nuevo juego explora esa paradoja. Sam, Fragile y los miembros de la tripulación del DHV Magellan funcionan como un espejo emocional: juntos pero rotos, unidos por una misión que los obliga a preguntarse si la conexión realmente salva o solo cambia la forma del aislamiento. Kojima reformuló el lema de la primera entrega (“Reconectar al mundo”) con la advertencia de que a veces conectar también puede ser una forma de perderse.
Y es que, la pregunta que atraviesa la narrativa, “Should we have connected?” (“¿Deberíamos haber conectado?”), va más allá del eslogan de marketing. Surge de la experiencia del propio Kojima durante la pandemia: “La pandemia cambió todo. Death Stranding 2 es mi forma de decir que conectar está bien, pero que también necesitamos desconectarnos” (Radio Disney).
Esa reflexión lo llevó a reescribir el guión completo, algo que se expone en un Death Stranding más claro, pero también más melancólico. Un viaje de duelo y reconstrucción emocional que se atreve a preguntar si la tecnología y la empatía pueden convivir sin volverse adictivas y tóxicas. “¿Así será el futuro? ¿Viviremos siempre de forma remota?” se preguntaba Kojima en medio de la pandemia, cuando iba al estudio “pero no había nadie”.
“También veía cómo mucha gente se alejaba de las grandes ciudades, buscando una vida distinta. En cierto modo, esa desconexión física del mundo influyó en el mensaje de la secuela. Cómo volver a conectarnos sin perder nuestra individualidad” agregó.
Hilos que atan, hilos que ahogan
El director mostró incluso cómo su obsesión estética se vuelve narrativa y crítica: “En Death Stranding 2, el hilo cuelga desde arriba. Esa inversión simboliza que una conexión excesiva puede volverse opresiva, como una marioneta que ya no controla sus propios hilos” explicó. Es lo contrario al primer juego, con un logo que mostraba una cuerda colgando hacia abajo: “Una metáfora sobre unirnos, sobre conectar” agregó. (IGN Brasil).
On the Beach logra el equilibrio que el original tanteaba. La jugabilidad se amplía, los combates ganan dinamismo y el mundo responde con vida propia. Pero debajo de esa superficie, lo que permanece es el gesto filosófico: Death Stranding 2 es un tratado sobre los vínculos, el duelo y la fragilidad humana.
Siguiendo con este concepto, la expansión con los escenarios en México y Australia en el juego integró desastres naturales que de alguna forma también funcionan como alegorías del colapso emocional de sus personajes. Sobre ello, el director explicó que en Japón tienen “incendios forestales, lluvias torrenciales e inundaciones que afectan a muchas personas”, lo que lo empujó a “reflejar esa vulnerabilidad” en la obra (TecMundo).
Los verdaderos hilos de conexión
En un contexto donde la industria empuja hacia lo inmediato y lo masivo, Kojima insiste en detenerse. Habla de respiraciones, de pausas, de cómo “cada paso tiene un peso emocional” (TudoCelular). Su obra no busca respuestas y abre una catarata de preguntas. ¿Por qué seguimos conectando si cada conexión nos puede acercar más al abismo?
Su viaje a Latinoamérica fue todo lo contrario. “Siempre escuché que tengo muchos fans en Brasil, pero no lo creía del todo” afirmó. “Hoy, durante la ceremonia de apertura, cuando escuché a la gente gritar mi nombre, me emocioné mucho. No imaginaba que fuera tan conocido acá. Estoy muy agradecido”.
Death Stranding 2: On the Beach puede ser uno de los juegos más hermosos y desgarradores del año. Pero más que eso, es la confesión de un artista que aprendió que, a veces, desconectar es la única forma de volver a encontrarse.
Y en su caso, la conexión con su mundo, con su gente, fue completa. En persona y en redes sociales se mostró cálido y muy abierto a los recibimientos emocionales del público. En la conferencia, mostró agradecimiento y disparó sonrisas para entrar en una complicidad que podía dificultarse por las barreras de idiomas. Puede que haya regalado un ida y vuelta para el recuerdo de muchas personas. En otras palabras: una de esas conexiones que se llevaría un centenar de pulgares arriba.

